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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Tres pasos para mejorar la ansiedad y la depresión en la adolescencia

La mayor parte de los problemas de salud mental empiezan a manifestarse en la infancia y en la adolescencia y, aunque no hay datos oficiales, en los últimos años han aumentado las consultas al especialista de jóvenes con ansiedad y depresión.

La detección y la intervención en estos casos es fundamental, tanto para acabar con el malestar del adolescente y mejorar aspectos de su vida que han sido afectados (vida personal, social, académica y familiar), como porque si no se tratan adecuadamente puede aumentar la posibilidad de que se desarrollen otros problemas mentales en el futuro.

Hoy por hoy, sabemos que, aunque exista una predisposición genética, suele ser necesaria la presencia de otros factores para desencadenar los episodios de ansiedad y depresión. “El estrés, la desadaptación escolar, la falta de tiempo de juego, la sobreexigencia académicao la falta de relaciones sociales relevantes  son aspectos que muchas veces no se toman en consideración y que pueden generar síntomas depresivos que dificultan aún más el funcionamiento de estos niños”, explica a DMedicina Carmen Moreno, psiquiatra en el Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, en Madrid.  “Además, la generalización del ocio y del juego en entornos digitales, que no siempre facilitan la interacción con iguales o con los propios padres, probablemente están jugando también un papel en el aumento de estos casos en menores”.

Ante este escenario, Moreno destaca que existen signos de alerta que pueden ayudar a los padres a detectar que están ante un problema que necesita de una intervención terapéutica y no va a desaparecer por sí solo. Estos son la disminución en el rendimiento escolar, la desmotivación o el aburrimiento, y la falta de disfrute con cosas o actividades que previamente les resultaban placenteras. “Muchas veces estos jóvenes aparecen preocupados en exceso, tienen cambios en el apetito o el sueño, están más irritables y enfadados. En esos casos tenemos que hablar con ellos, entender qué circunstancias pueden estar motivando sus síntomas y, si persisten y no mejoran o tienen impacto en su vida habitual, hacer una consulta al especialista”, aconseja.

Con el fin de evitar las consecuencias a largo plazo (prolongación de los síntomas en el tiempo, fuerte impacto en la vida familiar y social, riesgo de aparición de conductas desadaptativas e incluso suicidas) la especialista señala tres pasos que pueden ayudar al adolescente para mejorar su enfermedad:

1. Convencerse de que se puede mejorar

“Es muy importante convencer al adolescente de que sus síntomas pueden mejorar y de que comprometerse con el tratamiento va a resultar en un beneficio importante en su calidad de vida”, indica Moreno. La especialista insiste en que es frecuente que los jóvenes tengan reticencias al tratamiento por miedo a lo que opinen los demás o por desconocimiento de las opciones terapéuticas. Es importante tranquilizar a los chicos sobre la enfermedad y sus consecuencias, y enfatizar todas las ventajas que supone volver a encontrarse bien.

2. Llevar una vida ordenada

El siguiente paso que deben dar es intentar modificar su estilo de vida y apostar por las conductas ordenadas, sin tóxicos, y un entorno en el que haya espacio para el deporte y la vida social. Esto ayudará a fortalecer la resistencia frente a los problemas de ansiedad y depresión.
“No obstante, cuando aparecen es importante acudir al especialista y empezar tratamiento y no fomentar la idea de que se puede superar la depresión solo con la voluntad de hacerlo. Esto no solo no es cierto, sino que puede contribuir a culpabilizar aún más a quien se siente mal y a hacerle más difícil que pida ayuda y, por lo tanto, que mejore”.

3. Proporcionar apoyo familiar

Es importante que la familia actúe con naturalidad, ofreciendo ayuda y escucha pero sin alarmarse. “Puede ser una buena oportunidad para mejorar la forma de relacionarse y la comunicación con los menores, para encontrar actividades que hacer juntos”, concluye Moreno.

FUENTE: www.dmedicina.com

miércoles, 28 de enero de 2015

Insomnio adolescente se relaciona con la depresión y la ansiedad

Un estudio en estudiantes de secundaria realizado por profesionales en salud mental de la Universidad de Adelaide ha arrojado nueva luz sobre los vínculos entre las condiciones de salud mental relacionados con el insomnio, entre los adolescentes.
El equipo a cargo del Dr. Pasquale Alvaro encuestó a más de 300 estudiantes de secundaria de Australia 12-18 años de edad para entender mejor sus hábitos de sueño, problemas de salud mental y la hora del día que eran más activos (conocida como su "cronotipo").
Los resultados, publicados ahora en la revista  Sleep Medicine , pueden tener implicaciones para el tratamiento clínico de los adolescentes que experimentan problemas de sueño y de salud mental.
"Las personas con insomnio tienen dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido durante el tiempo que lo necesitan. Se trata de un trastorno del sueño muy extendida entre el público en general, y en la mayoría de los países alrededor del 11% de los adolescentes de 13 a 16 años de experiencia insomnio en algún momento ", dice el Dr. Alvaro.
"Hay una creciente conciencia entre la comunidad científica de que los trastornos de insomnio, depresión y ansiedad están relacionados unos con otros, y estos trastornos contiene neurobiológico superposición, psicológico y factores de riesgo social.
"Tener insomnio, además de la ansiedad o la depresión puede intensificar aún más los problemas que experimentan con cada trastorno individual. Puede conducir a problemas tales como el alcohol y el uso indebido de drogas durante la adolescencia ", dice.
Estudio del Sr. Alvaro encontró que la presencia de insomnio se vinculó de forma independiente con la depresión, trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno de pánico entre los adolescentes.
Los adolescentes que fueron más activos en las noches eran más propensas a tener depresión y / o insomnio. Este grupo fue también más propensos a tener el trastorno obsesivo-compulsivo, la ansiedad de separación, y fobia social, aunque estos trastornos a menudo no están vinculados de forma independiente con el insomnio.
"Estos hallazgos sugieren que la cronotipo 'vespertinidad' - ser más activo en las noches - es un factor de riesgo independiente para el insomnio y la depresión. Esto es importante porque los adolescentes tienden a desarrollar una preferencia por las noches, que a veces se convierte en un síndrome por el que mantienen retrasar ir a dormir ", dice el Dr. Alvaro.
"Sobre la base de nuestra evidencia, creemos que los esfuerzos de prevención y tratamiento para el insomnio y la depresión deberían considerar esta combinación de la salud mental, el sueño y la cronotipo vespertinidad, además de los principales enfoques de comportamiento actuales.Prevención y tratamiento esfuerzos para subtipos de ansiedad también deben considerar centrándose en el insomnio y la depresión ".
Fuente: http://www.psypost.org/

lunes, 19 de enero de 2015

Advierten del aumento en el diagnóstico de trastorno bipolar en niños

Uno de los últimos estudios de psiquiatría en América Latina, arrojó que la depresión es la primera causa de consulta mental en la región. De ellos, el 46% son en quienes alcanzaron un nivel primario de educación, un 40% los que realizaron estudios secundarios y un 12% los profesionales. 

Esa misma investigación, publicada en junio de 2014 en el XVIII Congreso Centroamericano de Psiquiatría,  alertó sobre un aumento en el diagnostico de depresión en niños y adolescentes, pese a que en la mayoría de los casos se suele calificar en personas adultas.


En este contexto, el trastorno afectivo bipolar (TAB) es uno de los tipos de depresión que más ha preocupado al mundo de la psiquiatría y psicología ya que ha habido un gran aumento en el diagnóstico de los niños. 


“A pesar de que ha habido un gran aumento en el diagnóstico de trastorno bipolar en niños, resulta delicado hacer el diagnóstico antes de los seis años de edad debido a que los niños pequeños suelen presentar cuadros atípicos, siendo difícil predecir si los síntomas que presentan evolucionarán posteriormente hacia bipolaridad o hacia otro trastorno psiquiátrico”, indica la psiquiatra infanto-juvenil del centro de tratamiento de conductas adictivas Nevería, Paula Zomosa. 


Este trastorno puede debutar con un cuadro de depresión y presentar en la adolescencia o adultez un cuadro de exaltación del ánimo y existen indicadores que permiten predecir qué niños y/o adolescentes con depresión tendrán mayor riesgo de ser bipolares.


Sus causas se deben a factores de tipo genético, biológico, psicológico y ambiental. Un niño hijo de un padre bipolar tiene un 25% de riesgo de presentar la enfermedad. Si ambos padres son bipolares, el riesgo aumenta entre un 50 y 70%. De acuerdo a factores externos, hay ciertos hechos que podrían ser desencadenantes en el trastorno como la separación de los padres, problemas escolares o abuso sexual y físico. 


El trastorno afectivo bipolar es un trastorno que se caracteriza por tener cambios rápidos de ánimo con periodos de exaltación (manías) que se pueden manifestar por expansividad o altos niveles de irritabilidad. Estos cambios de conducta hacen al niño mostrarse muy omnipotente, egocéntrico, eufórico o excesivamente optimista y contento, sin causa aparente y con disminución de la necesidad de dormir. 


“Se pueden percibir como niños impredecibles, beligerantes, impulsivos, con explosiones agresivas en forma de “pataletas” severas, frecuentes y desproporcionadas, en relación a temas triviales, como lavarse los dientes o ir a acostarse”, explica la especialista. 


Otro de los rasgos que tienen estos niños son la desinhibición e involucramiento excesiva en actividades riesgosas o placenteras, que pueden convertirse en la adolescencia en una serie de conductas peligrosas como promiscuidad, escaparse de la casa y hasta consumir drogas. 


A diferencia de los adultos, cuyos cuadros clásicos se manifiestan de forma cíclica a los largo de la vida, los más pequeños suelen tener estos síntomas en forma más continua y crónica que episódica. 
Este trastorno se puede confundir con el déficit de atención producto de la hiperactividad, dificultad para concentrarse y baja tolerancia a la frustración que se da en ambos casos

En este punto, la psiquiatra advierte que estos síntomas se pueden confundir con el déficit atencional y trastornos conductuales ya que éstos son frecuentes en ambos casos, producto de la hiperactividad, dificultad para concentrarse, baja tolerancia a la frustración y tendencia a no medir los riesgos. 



“Es frecuente que el TAB de inicio en la niñez y coexista junto a los mismos trastornos mencionados previamente, lo que hace más compleja la distinción”, comenta la psiquiatra. 


La función de los padres


El rol de los padres es fundamental para que un niño conlleve esta enfermedad, que no tiene cura, de la mejor manera. 


La recomendación de los especialistas es solicitar una evaluación por un psiquiatra infanto-juvenil para realizar el diagnóstico donde previamente evaluará los síntomas actuales y remotos, los antecedentes del desarrollo, antecedentes psiquiátricos de la familia e información recopilada del colegio o institución donde se encuentre respecto a su edad. 


La psiquiatra enfatiza en que antes de realizar cualquier diagnóstico se debe descartar el uso de medicamentos, drogas y patología médica pudiendo solicitar exámenes complementarios.


Es importante destacar que no existe ningún examen que permita diagnosticar la bipolaridad, éstos se pueden realizar solamente para descartar otras patologías y como complemento a la evaluación. 


Una vez realizado el estudio diagnóstico, el médico puede orientar a los padres sobre modificaciones que se deban realizar en cuánto a los hábitos del niño, dinámicas en la familia y en el colegio, además de indicar tratamiento farmacológico y dependiendo del caso, psicoterapia individual y/o familiar, afirma la psiquiatra.

FUENTE: Grupo de Diarios de América www.gda.com

jueves, 26 de junio de 2014

Superar el estigma de la enfermedad mental

Los prejuicios que se ciernen sobre este tipo de trastornos retrasan una posible mejoría de las personas que los sufren

Ansiedad, depresión, trastorno bipolar, fobia, adicción, son enfermedades tan comunes como diabetes, hipertensión, insuficiencia renal o asma y los fármacos que las tratan se encuentran como los de estas últimas entre los más vendidos. Sin embargo, la carga de prejuicios que rodea los trastornos de salud mental determina el apoyo social que reciben quienes las sufren e incluso impide que busquen tratamiento.

El estigma consiste en una imagen negativa que una persona genera sobre otra porque ésta posee una característica peculiar o personal que se piensa, o en realidad es, desventajosa (un estereotipo negativo). "Por desgracia, las actitudes y creencias negativas hacia la gente que tiene un trastorno de salud mental son comunes", continúan los especialistas norteamericanos.
El estigma puede conducir a discriminación y ésta puede ser directa, como un comentario negativo sobre la enfermedad mental o el tratamiento, o sin intención o sutil, como la evitación porque piensan que la persona podría ser inestable, violenta o peligrosa debido a su trastorno. Incluso el paciente puede juzgarse a sí mismo.

Entre los efectos perjudiciales del estigma, se encuentran la reticencia a buscar ayuda o tratamiento; la carencia de comprensión por parte de familia, amigos, colegas de trabajo u otras personas en sus círculos; menores oportunidades de trabajo, actividades sociales o escolares o problemas buscando alojamiento; acoso, violencia física o hostigamiento; asistencia sanitaria que no cubre de forma adecuada el tratamiento de la enfermedad mental y la creencia de que nunca se conseguirán ciertos retos o que la situación no mejorará.
Especialistas sugieren que las medidas para combatir el estigma podrían ser admitir la necesidad de tratamiento y conseguirlo; no avergonzarse ni crear dudas acerca de la capacidad personal; no aislarse; no denominarse a sí mismo despectivamente con el nombre de la enfermedad; acudir a grupos de apoyo; lograr ayuda en la escuela en el caso de tratarse de niños; hablar en contra del estigma y educar al público sobre la enfermedad mental.
FUENTE: EUROPA PRESS

viernes, 6 de junio de 2014

La sexualidad y el trastorno bipolar

La Psiquiatría ha avanzado mucho a lo largo de las últimas décadas, y palabras que antes producían rechazo sólo con oírlas, hoy en día se acogen con un halo de empatía y normalidad. Es lo que ocurre con el trastorno bipolar, una enfermedad mental que arrastra consigo múltiples inconvenientes en la vida diaria; alguno de ellos en la esfera de la sexualidad. Actualmente, en España un 2% de la población padece este trastorno y hasta un 60% de estos pacientes puede ver afectada de una forma u otra su vida sexual.
El trastorno bipolar pasa por dos fases características en el transcurso de la enfermedad: maniática y depresiva. En la primera, explica a ELMUNDO.es el doctor Eduard Vieta, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic y profesor de la Universidad de Barcelona, hay tendencia a la hiperactividad y la euforia, que suelen acompañarse de un aumento del deseo sexual, y en ocasiones de cierta desinhibición y promiscuidad. Por el contrario, en las fases depresivas, existe una disminución del deseo y la práctica sexual.
"Durante las fases maníacas se produce un aumento de la producción de una sustancia cerebral denominada dopamina que es el neurotransmisor de la motivación, el que nos impulsa a hacer cosas y a probar cosas nuevas, y es también fundamental en la excitación sexual. La manía, por tanto, aumenta la excitabilidad sexual, mientras que la depresión la disminuye", explica este especialista, quien también dirigió una ponencia sobre este tema en el VII Curso Internacional de Sexualidad y Salud Mental celebrado recientemente en Salamanca.
En las fases maníacas, agrega Usue Espinós, psicóloga de la Asociación Bipolar en Madrid (ABM), en grupos de autoayuda desde hace 15 años, el aumento libido suele conllevar conductas promiscuas, y existe riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.
Por tanto, los problemas principales que una persona con trastorno bipolar puede tener son los cambios del deseo sexual en un sentido u otro, pero también "pueden darse retraso en la eyaculación, impotencia y anorgasmia", enumera el doctor Vieta.
Por otro lado, y mirando hacia la esfera más psicológica y social de esta enfermedad, éstas también se ven claramente afectadas. "Muchas personas con trastorno bipolar tienen dificultades para mantener una pareja estable, a veces la falta de habilidades sociales o el aislamiento complica la posibilidad de tener una pareja estable y esto hace que tengan menos posibilidades de tener relaciones sexuales", comenta Espinós.
Además, las conductas de hipersexualidad y la promiscuidad que refieren en las fases maniacas cobran aquí gran importancia, ya que pueden provocar rechazo social y familiar. La disminución del impulso sexual puede reducir la calidad de vida y la autoestima, incluso "por mucho que se explique a los pacientes que se trata de un problema transitorio asociado a la fase depresiva o al tratamiento", lamenta el doctor Vieta.
De hecho, la psicoeducación y la rehabilitación cognitiva son clave para tratar el transcurso de la enfermedad, tal y como este especialista junto con otros investigadores demostraron en un estudio publicado en la revista 'American Journal of Psychiatry'.

La implicación de los fármacos

Los fármacos son un capítulo aparte, que también puede influir en las relaciones sexuales de pacientes con trastorno bipolar y otras enfermedades mentales. "En ocasiones, consumen psicofármacos que producen alteraciones en su actividad sexual. El problema puede ser que abandonen la medicación, con el consiguiente riesgo de recaídas", mantiene la experta de la ABM.
Pero los fármacos son esenciales para mantener la calidad de vida de los pacientes y controlar de pleno la enfermedad, tal como asegura el doctor Vieta: "El tratamiento es imprescindible para mantener la enfermedad bajo control y poder llevar una vida normal. Pero en algunos casos puede reducir el deseo y ocasionar disfunciones como anorgasmia, retraso de la eyaculación, o incluso impotencia, pero son efectos adversos reversibles que se dan sólo en ocasiones".
Así, no todos los medicamentos -en éste o cualquier otro trastorno mental- conducen a estos efectos adversos aunque con frecuencia, lamenta el experto, los psiquiatras olvidan tener en cuenta este aspecto a la hora de la prescripción, en parte porque, si no se pregunta directamente, los pacientes no hablan de ello. "Los problemas que puedan derivarse del tratamiento se solucionan cambiando la medicación; además, pueden utilizarse técnicas sexológicas o farmacológicas cuando estén indicadas", informa.
El trastorno bipolar es una patología común y tratable si se diagnostica a tiempo. Todos aquellos que lo sufren, aconseja el especialista, deben saber que si han percibido cambios indeseados en su capacidad de disfrute de una vida sexual sana y plena, existen soluciones; el primer paso es comunicarlo a los responsables de su tratamiento.
"Si sospecha que tiene un trastorno bipolar y no está diagnosticado, no tema ir al psiquiatra, se le ayudará. La Psiquiatría ha progresado muchísimo en los últimos años y en España hay los mejores especialistas y esta enfermedad cada vez se trata más desde una perspectiva multidisciplinar y multinivel, involucrando a psiquiatras, psicólogos, enfermeros, médicos de familia, etc. Los equipos están preparados para aconsejar y tratar los cambios en la conducta sexual que afectan a tantos pacientes con trastorno bipolar, pero hay que comunicarlo», concluye.
FUENTE: Beatriz G. Portalatín | Madrid para el MUNDO.ES

viernes, 16 de mayo de 2014

Detectar a tiempo la enfermedad mental - Síntomas iniciales de alarma

Las enfermedades mentales graves como la esquizofrenia o el trastorno bipolar rara vez aparecen de la nada. Cuando comienzan en la adolescencia, en muchos casos son los profesores o los compañeros de clase los que primero detectan que algo no va bien. Los episodios psicóticos pueden desarrollarse muy gradualmente y pueden permanecer sin diagnosticar durante largos periodos de tiempo.
Según explican los expertos de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, según sus siglas en inglés) en la web de la institución (www.psychiatry.orgen la mayoría de los casos, los círculos más cercanos como la familia, los amigos o los profesores e incluso la misma persona en esta situación reconocen que algo no está bien. De esta forma se identifican pensamientos, sentimientos o conductas indicativas antes de que una de estas enfermedades aparezca en su forma completa.
Conocer los síntomas o los signos iniciales de alarma puede conducir a una intervención que podría ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad e incluso retrasar su aparición y desarrollo. En este sentido, la APA señala que si se están produciendo varios de los siguientes signos y síntomas podría estar en desarrollo una enfermedad grave:
  • Aislamiento social reciente o pérdida de interés en los otros.
  • Una inusual disminución del trabajo que se hace en el día a día, en especial en la escuela o el trabajo, como abandonar el deporte, dejar de acudir a la escuela o dificultad en la realización de tareas familiares.
  • Problemas con la concentración, memoria o pensamiento y lenguaje lógicos que son difíciles de explicar.
  • Aumento de la sensibilidad en el sentido de la vista, audición, olor o tacto y evitación de las situaciones en las que existen muchos estímulos.
  • Pérdida de iniciativa o deseo de participar en alguna actividad. Apatía.
  • Una vaga sensación de estar desconectado de uno mismo o de lo que nos rodea. Una sensación de irrealidad.
  • Creencias inusuales y exageradas sobre los poderes personales para comprender el significado o la influencia de acontecimientos. Pensamiento ilógico o 'mágico' típico de la infancia en un adulto.
  • Miedo o sospecha de los otros o una sensación fuerte de nervios.
  • Comportamiento peculiar impropio.
  • Sueño exagerado y cambios en el apetito o deterioro en la higiene personal.
  • Cambios rápidos o exagerados en los sentimientos o labilidad emocional.


Los expertos de la APA señalan que uno o dos de estos síntomas no pueden predecir una enfermedad mental pero si una persona experimenta varios de ellos juntos que le ocasionan problemas graves en su capacidad para estudiar, trabajar o relacionarse con los otros debe acudir a un profesional de la salud mental.
Diagnóstico y supervisión
Los especialistas coinciden en que la persona afectada debería al menos buscar una evaluación diagnóstica realizada por un profesional, recibir información sobre la enfermedad mental y los signos y síntomas a tener en cuenta, recibir consejo y apoyo sobre las actividades diarias y los sistemas para controlar el estrés y mantenerse bajo observación en relación a trastornos que pudieran requerir unos cuidados más avanzados.
Los familiares son compañeros valiosos y deben estar implicados en el tratamiento siempre que sea posible, añaden los especialistas del APA. La educación sobre la enfermedad mental y lo que sucede en el cerebro puede ayudar a los individuos y a sus familias a entender la significación de los síntomas, cómo la enfermedad podría desarrollarse y qué se puede hacer para ayudar, concluyen. Por último, como ejemplo acentúan la importancia de que las familias conozcan el perjudicial papel del estrés como acelerador de los síntomas y los medios para reducirlo.
Fuente: Infosalus/EuropaPress

martes, 20 de agosto de 2013

El niño acosado en la escuela. Signos y Síntomas de la Depresión Causada por Bullying.

Como padres debemos saber cuáles son aquellos sentimientos y emociones que hacen que nuestros hijos por alguna u otra razón estén presentando síntomas de depresión. Y mucho más aún cuando son causados o generados por bullying o acoso escolar.

Tengamos en cuenta que la depresión en los adolescentes se presenta cuando pasado de la etapa de niños a hombres y de niñas a mujeres, estas situaciones de ansiedad coexisten con problemas de ansiedad, de identidad de género.

Te daremos los síntomas claves cuando un joven está teniendo síntomas de depresión causado u originado por bullying. Ten en cuenta que cuando se está pasando por una situación de bullying, los jóvenes se encuentran débiles y con su autoestima muy debilitada, sin capacidad de reaccionar ante su agresor. Cada día que pasa será más difícil para enfrentar la situación, no tendrá las armas para luchar contra ellos. Y al contrario las armas de su agresor crecerán cada día más y más.

De ahí la importancia de aprender a detectar estos signos y síntomas que te mostrarán con asertividad lo que les está pasando y tu podrás prestarle la ayuda necesaria y conveniente.

1. Presta atención cuando Tu hijo comience a demostrar sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, o vacío.
2. Cuando presente sentimientos de desesperanza y/o pesimismo.
3. También puede presentar sentimientos de inutilidad, y/o impotencia e inquietud.
4. Mostrarán pérdida de interés en las actividades o pasatiempos que antes disfrutaba y en los juegos que participaba. Los niños y jóvenes estarán bajos de energía y con exceso de fatiga.
5. Dificultad para concentrarse, recordar detalles, y para tomar decisiones
6. Insomnio, despertar muy temprano, o empezarán a dormir demasiado
7. Comer excesivamente o perder el apetito
8. Es muy probable que presenten sentimientos e ideas suicidas o intentos de suicidio.
9. Dolores y malestares persistentes, tanto como dolores de cabeza, cólicos, o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento.


Un niño con depresión puede fingir estar enfermo, negarse a ir a la escuela, aferrarse a un padre, o preocuparse de que uno de sus padres pueda morir. Los niños mayores pueden estar de mal humor, meterse en problemas en la escuela, ser negativos e irritables, y sentirse incomprendidos. 

Como estas señales pueden percibirse como cambios de ánimo normales típicos de los niños mientras avanzan por las etapas del desarrollo, puede ser difícil diagnosticar con exactitud que una persona joven padece depresión.

Si haz identificado por lo menos uno de estos síntomas de alerta, debes ponerte inmediatamente en la ardua tarea de empezar a tomar acción sobre las cosas que en adelante harás con tu hijo día a día, cuando la depresión es ocasionada por el fenómeno del bullying.

1. Comienza a practicar actividades o ejercicios físicos moderados. Apoya a tu hijo para que practique un deporte que le llame la atención, o a algún otro evento o actividad que solía disfrutar. Igualmente que participe en actividades religiosas.
2. Ponle metas realistas a tus hijos, metas que pueda cumplir , donde se dividan las grandes tareas en pequeñas tareas .
3. Procura que Tu hijo pase tiempo con otras personas. Con amigos y adultos a los cuales les tenga confianza.
4. Espera que su ánimo mejore poco a poco y no de inmediato. No espere salir de su depresión con un “abrir y cerrar de ojos”. Frecuentemente, durante el tratamiento de la depresión, el sueño y el apetito comenzarán a mejorar antes de que su estado de ánimo deprimido desaparezca.
5. Recuerda que los pensamientos positivos reemplazarán los pensamientos negativos a medida que la depresión responda al tratamiento.

Te invitamos a que todos los días observes a tu hijo comiences a interpretar sus reacciones, sus comportamientos, sus estados de ánimo; así podrás tomar acciones tendientes a detener las señales de impotencia, de frustración y de dolor que se generan al atravesar una situación de bullying o acoso escolar.

Fuente: padresexpertos.com/blog/





miércoles, 27 de marzo de 2013

"El trastorno bipolar durante la infancia - Diferencia entre el TDAH y el Trastorno Bipolar en niños"


El trastorno bipolar adopta una apariencia diferente en los niños y los adolescentes tempranos.

El trastorno bipolar puede darse tanto en niños como en adolescentes. A diferencia de los adultos, los niños y los adolescentes tempranos suelen tener oscilaciones de humor muy rápidas (ciclo rápido) entre episodios maníacos y depresivos muchas veces a lo largo de un día. El episodio de manía suele ser un periodo de irritabilidad extrema y de rabietas destructivas más que de felicidad excesiva. La depresión en los niños con trastorno bipolar se caracteriza por numerosas quejas físicas, ausencias frecuentes del colegio o bajo rendimiento académico, intentos de fuga del hogar, irritabilidad, quejas, llanto sin causa aparente, mala comunicación y sensibilidad excesiva al rechazo o los fallos. En los jóvenes con trastorno bipolar también son comunes los síntomas mixtos.

Por el contrario, los adolescentes tardíos experimentan más episodios de tipo adulto que suelen comenzar con un episodio maníaco y con periodos relativamente estables entre episodios.

• Diagnóstico de niños con trastorno bipolar


El diagnóstico del trastorno bipolar en niños y adolescentes tempranos suelen ser complicado.

Normalmente es difícil elaborar un diagnóstico definitivo de trastorno bipolar en niños y adolescentes tempranos. El conocimiento del historial médico familiar puede resultar extremadamente útil para establecer el diagnóstico correcto. El trastorno bipolar tiene más posibilidades de afectar a los descendientes de padres con esta enfermedad. Cuando un progenitor padece de trastorno bipolar, se estima que el riesgo de cada hijo asciende a entre un 15 y un 30 por ciento.

Los síntomas del trastorno bipolar en niños y adolescentes tempranos pueden confundirse inicialmente con emociones o comportamientos normales. Sin embargo, a diferencia de los cambios de humor normales, el trastorno bipolar deteriora considerablemente la capacidad funcional en el colegio y las relaciones con los compañeros y la familia. Muchos niños con trastorno bipolar tienen discapacidades simultáneas y una baja autoestima.
Es preciso descartar otras causas que puedan explicar los síntomas del trastorno bipolar. En los niños, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otras enfermedades mentales pueden enmascarar o a veces producirse de forma simultánea al trastorno bipolar.

A no pocos niños se les diagnostica TDAH en lugar de trastorno bipolar. En realidad, el TDAH suele aparecer antes de que se produzca un desarrollo claro de los síntomas del trastorno bipolar. No obstante, eso no significa que todos los niños con TDAH vayan a desarrollar trastorno bipolar. Sin embargo, un niño con TDAH que tenga un familiar con trastorno bipolar tiene más posibilidad de desarrollar la enfermedad.

Debería considerarse la posibilidad de realizar un diagnóstico temprano y de administrar tratamiento para el trastorno bipolar siempre que un niño pequeño desarrolle manía tras tomar medicación antidepresiva o psicoestimulante.

• Tratamiento del trastorno bipolar en niños y adolescentes tempranos

Es muy importante que los niños y los adolescentes con trastorno bipolar sean tratados y aprendan a controlar los síntomas a medida que se hacen mayores. Los medicamentos suelen resultar de utilidad para estabilizar el humor y la psicoterapia puede aportar ventajas adicionales. No obstante, se necesitaría investigar más acerca de la eficacia y la seguridad de estos medicamentos en niños y adolescentes.

• Diferencia entre TDAH y trastorno bipolar en niños

Son características de los niños con trastorno bipolar las rápidas oscilaciones de humor y las rabietas prolongadas. Aunque los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno bipolar en niños pueden ser similares, su origen difiere.

Por ejemplo, la destructividad y el mal comportamiento de los niños con trastorno bipolar suelen considerarse intencionados, mientras que en los pacientes de TDAH se deben más al descuido o la falta de atención.

Los arrebatos físicos y las rabietas que se observan en ambos trastornos pueden ser debidos a la imposición de límites (p.e. un simple “no” de uno de los padres) en el caso de los niños con trastorno bipolar y a la excesiva estimulación sensorial y emocional en los niños con TDAH. A diferencia de los niños con trastorno bipolar, que pueden seguir sintiéndose enfadados durante horas después de una rabieta o un arrebato físico, los que sufren de TDAH parecen tranquilizarse mucho más rápido (en unos 15 o 30 minutos).

Los niños con trastorno bipolar experimentan habitualmente molestias del sueño que suelen ir acompañadas de pesadillas de contenido morboso relacionado con la muerte (p.e. guerra nuclear o animales que atacan) mientras que esto es raro en niños con TDAH.

Fuente: http://www.janssen.es/bgdisplay.jhtml?itemname=bipolar_children&product=none#3