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domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Por qué me deprimo?

“¿Por qué me deprimo?”. Es la pregunta que Carmen se hacía todas las mañanas desde ese día aciago en “que no se podía levantar”. En un intento por ‘justificar’ su estado pensaba en la presión asistencial de su trabajo (trabaja de enfermera en un gran hospital), los problemas con los hijos (uno de ellos tenía dificultades escolares) o la incomprensión cada vez más frecuente con su marido. ¿Justificaban esas circunstancias su estado deprimido? 

Vivimos bajo el paraguas del determinismo. Así afirmamos: “Me deprimo porque mi padre era una persona depresiva”, o “estoy deprimido por las circunstancias adversas familiares o laborales”, o “estoy deprimido, pues ha fallecido mi madre o porque me han diagnosticado una enfermedad grave”, etc.

De esta forma ‘justificarnos’ nuestro estado deprimido y, al ‘identificar’ una causa, nos sentimos menos angustiados. Pero la depresión clínica es multidi­mensional, y en todo caso su origen es complejo. 

Es curioso detectar que este determinismo de nuestra conducta que defendemos en el campo de la psicología ni siquiera las ciencias físicas lo admiten para sus fenómenos, al menos después del “principio de indeterminación” de Heisenberg, entre otros. Es decir, si el mundo material es complejo y sus efectos no son consecuencia de una sola causa, con mayor razón podemos afirmar que el mundo psíquico es mucho más inconsistente y mucho menos previsible, y por lo tanto el origen de nuestra conducta es multifactorial. 

El ser humano se va construyendo a lo largo de su propia biografía por los impactos internos y externos que va recibiendo a lo largo de su vida. Es cierto que las experiencias traumáticas vividas en la infancia influyen en las características de la personalidad del adulto, pero también es cierto que lo más importante es cómo se viven esas experiencias, lo que posibilitará un desarrollo sano o enfermo.



Lo determinante, pues, no es la experiencia en sí (por muy traumática que sea, aunque, a mayor gravedad, más dificultad para cicatrizar la herida), sino cómo cada persona la incorpora a su propia experiencia. Podemos afirmar, por tanto, que el desarrollo del niño no está determinado por los problemas que haya vivido, sino por cómo los ha elaborado. Por eso, dos niños que hayan vivido traumas semejantes (abusos, malos tratos, etc.) pueden evolucionar de forma muy diferente: uno puede padecer una depresión de adulto y otro no.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podemos hacernos la pregunta: ¿por qué 'se me cruzan los cables' y me deprimo? Dependiendo de la orienta­ción psicológica en que nos situemos, nos surgirán di­ferentes respuestas. Así, los psicólogos y psiquiatras de orientación biológica dirán que es consecuencia del descenso de serotonina, noradrenalina o dopamina, neurotransmisores que tenemos en las sinapsis cere­brales. Sin embargo, los profesionales más de orienta­ción psicológica insistirán en que la persona se depri­me, de forma clínica, por la falta de recursos personales y grupales para afrontar la situación traumática o el propio discurrir por la vida.

Existe tanta implicación entre ambas teorías que es difícil decantarse por una de ellas. Por mi parte, considero que la verdad está en la conjunción de ambas posturas, aunque en algún tipo de depresión (por ejemplo la depresión mayor)­ primarán los aspectos biológicos e incluso la vulnera­bilidad genética, y en otras depresiones (cuadros adaptativos y depresión neurótica o distimia, entre otras) predominarán los factores psicológicos (perso­nalidad, etc.) y sociales (contexto grupal y familiar).

Teoría de los tres impactos en la enfermedad depresiva


El origen de la enfermedad depresiva es, por tanto, multifactorial y, aunque desconocemos la causa de la depresión, sí sabemos que diversas cir­cunstancias influyen en su aparición. Para que el puzle de la depresión se constituya son necesarias diversas piezas o factores, y además que encajen per­fectamente. Esto es lo que hemos denominado la teo­ría de los tres impactos: vulnerabilidad genética, vulne­rabilidad psicosocial y, en ocasiones, la aparición de un acontecimiento estresor.



La vulnerabilidad

El concepto de vulnerabilidad, tal como lo describe el Diccionario de la Real Academia Española, se refiere a la cualidad de vulnerable, es decir, la posibilidad de ser herido o recibir alguna lesión física o moral. La vulnerabilidad es una cualidad inherente al ser hu­mano. No existe la persona invulnerable, pues todos somos finitos e imperfectos, pero lo que sí es cierto es que existen gradientes de vulnerabilidad. Es decir, existen sujetos más vulnerables que otros, y también la esencia de la vulnerabilidad es diferente: así, por ejemplo, uno puede ser más vulnerable a la depresión y otro a la esquizofrenia, y un tercero puede ser más vulnerable a las enfermedades psicosomáticas.

El concepto de vulnerabilidad se utiliza en sociolo­gía, en medicina, en el ejército y en psicología. En esta última acepción es donde nosotros nos situamos. De alguna manera, la vulnerabilidad (genética, psi­cológica o social) es la base de la enfermedad mental: en las psicosis, la vulnerabilidad tiene un soporte más genético y en los cuadros neuróticos, más psicosocial. 

La vulnerabilidad genética en la depresión


Recuerdo que, durante mi formación como psiquia­tra, hace más de treinta años, al plantearse el origen de las enfermedades psiquiátricas siempre se con­templaba lo que entonces se llamaba la “predisposi­ción genética”. Así se afirmaba que, en los grandes cuadros psicopatológicos (psicosis y depresión endó­gena), podríamos intuir que existían personas con más riesgo que otras para desarrollar la enfermedad mental. Por ejemplo, hijos de padres esquizofrénicos o depresivos. Se ha comprobado que estas enferme­dades son más frecuentes cuando los dos progenito­res han padecido la enfermedad. Y aunque nunca se ha podido concretar con exactitud en qué consiste esta "predispo­sición", es cierto que se puede defender cierta vulne­rabilidad con respecto a la psicosis y la depresión.

No es un factor determinante para la aparición de la en­fermedad, pero lo cierto es que existe más riesgo en esas situaciones que en otras. Es decir, no es una transmisión directa mendeliana, como ocurre con al­gunos aspectos físicos de la persona (el color de los ojos, la altura, etc.), sino que puede aparecer o no la enfermedad psicótica o depresiva, ya que va a depen­der también de otros factores (psicosociales y de la entidad del factor estresor).

Podemos concluir, pues, que la herencia genética, aunque es importante en el origen de la depresión, no es suficiente para que se produzca la enfermedad depresiva; se necesita de los impactos siguientes: vulnerabilidad psicosocial y/o un factor estresor.

En lo que todos los autores están de acuerdo es que en los episodios depresivos se constata una disfun­ción de los circuitos de noradrenalina, serotonina y dopamina del sistema nervioso central, junto con cambios profundos en el funcionamiento del tallo ce­rebral, el hipotálamo y las estructuras del sistema límbico. 

Lo que aún desconocemos es si este desequi­librio químico tiene un origen genético, psicosocial o producido por el factor estresor.



La vulnerabilidad psicológica en la depresión


Hace referencia a los recursos psicológicos que el su­jeto tiene o no para afrontar los diferentes acontecimientos traumáticos de su vida. Seremos más vulne­rables a padecer una depresión cuando nuestro nivel de salud mental sea más precario. En definitiva, nuestro gradiente de salud mental se relaciona inversamente con nuestra vulnerabilidad: a mayor índice de salud mental, menos posibilidad de padecer una enfermedad depresiva. Es decir, cuanto mayor sea nuestra autoestima, nuestras habilidades sociales, la capacidad de buscar soluciones a los problemas, etc., menor riesgo tendremos de caer en la depresión. Y, por el con­trario, si tenemos baja autoestima, alguna psicopato­logía o rigidez cognitiva, entre otras características, el riesgo es mayor.

Algunas personas son más proclives a desarrollar una depresión, es decir, tienen una personalidad que es más vulnerable a esta enfermedad. Es lo que pode­mos denominar personalidad depresiva.

La personalidad depresiva no siempre muestra tristeza, sino que se puede definir como apática o incapaz de sentir que su vida tenga sentido. Por eso la desesperanza es el ‘motor’ de su existen­cia. A veces este estado queda reflejado en frases como “me siento vacío” o “no tengo futuro”.

La persona depresiva siente el peso de lo cotidiano, que contempla siempre en negro. No sabe distinguir y alimentarse de los matices de la vida: un abrazo, una sonrisa o una buena acción, por poner solamente algunos ejemplos. La monotonía impregna toda su existencia. Se siente como extraña en su medio fami­liar, social o laboral.

Entre los rasgos característicos de las personas depresivas señalamos los siguientes:

# 1.- Baja tolerancia a la frustración

La vida es lucha, tensión, con una pizca de sufrimiento. El niño debe ir aceptando las frustraciones diarias (el olvido de un compañero en la celebración de su cumpleaños, la ca­rencia de un juguete, etc.), para que de adulto no sea excesivamente vulnerable a cualquier situación con­flictiva (paro, ruptura sentimental, etc.). Es una for­ma de fortalecer el yo y, consecuentemente, contem­plar al otro no como un enemigo, sino como un compañero de camino (con sus más y sus menos) en el arduo viaje de la vida.

Es necesario que ayudemos a nuestros hijos a ir asumiendo las frustraciones de la vida. ¿Cómo? No sobreprotegiéndoles de tal modo que nada de lo material se les niegue y crean que tienen derecho a todo porque son ‘el ombligo del mundo’.

#2.- Perfeccionismo

Es frecuente que las personas depresivas tengan un superyó muy rígido y muy exigente. Son muy cumplidores, autoexigentes, sin sentido del humor y perfeccionistas. Desean tener la ‘familia perfecta’, el ‘trabajo per­fecto’, los ‘amigos perfectos’ e incluso el ‘cuerpo perfecto’. Como esto no se puede conseguir, se de­primen al no conseguir sus elevadas expectativas. Son, con frecuencia, personas insatisfechas, pues nunca están contentas con lo que tienen o con lo que han conseguido, lo que produce culpa, al sentir que han fallado, y consiguientemente se deprimen.

# 3.- Dependencia del cariño de los demás

Es evidente que necesitamos al otro para conseguir nuestro bienestar. Cuanto más nos sintamos reconocidos y alabados por nuestro entorno, mejor. Pero no po­demos depender del cariño ajeno. Por eso, muchas personas se deprimen al constatar que los demás -familiares y amigos- no les muestran el amor que esperaban.

# 4.- Dificultad en expresar la agresividad

Es preciso enseñar a nuestros hijos a reconocer sus sentimien­tos (positivos y negativos) para que puedan expresar­los o canalizarlos de forma adecuada.

Si una persona no es capaz de poner palabras a su sentimiento de agresividad, éste se vuelve contra sí mis­ma y puede desarrollar una enfermedad depresiva. Por eso algunos autores hablan de la depresión como una forma de autoagresión, y la psicopatía como una forma de agredir al otro.

# 5.- Baja autoestima

Nathaniel Branden, psicoterapeuta ca­nadiense, da la siguiente definición de autoestima:

La autoestima plenamente consumada es la expe­riencia fundamental de que podemos llevar una vida significativa y cumplir sus exigencias. Más concreta­mente podemos decir que la autoestima es lo siguiente:

1) La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.

2) La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos y de tener derecho a afirmar nuestras nece­sidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.


Es decir, si no tenemos confianza en nuestras pro­pias capacidades para enfrentarnos a los factores estresores cotidianos y renunciamos a ser felices, esta­mos favoreciendo la aparición de una depresión clínica que confirme nuestros miedos: “No valgo para nada”.

La autoestima supone creer en uno mismo y no de­jarse anular por el criterio del vecino o del amigo, pero tampoco aferrarse a una idea por el te­mor a dar una imagen de debilidad o inseguridad. Es el punto medio entre la tozudez y la falta de criterios.

De forma didáctica podemos distinguir dos moda­lidades de autoestima: la esencial y la situacional. Un ejemplo de la primera es Francisca, un ama de casa feliz con su tarea, que se siente amada y respetada por los suyos. Decía en una ocasión: “Soy feliz, pues siento que mis hijos me quieren y mi marido compar­te conmigo todas sus penas y alegrías; mis sentimientos los puedo poner en común con ellos”.

Este aspecto de la autoestima es como los cimien­tos de la construcción de la propia existencia. Si falla, nunca encontraremos paz y felicidad. Sobre ella se construye la propia vida y es también el soporte de la confianza de hacer bien la tarea profesional (autoes­tima situacional).

En definitiva, el trípode sobre el que descansa la vi­vencia de autoestima se puede formular así: soy valioso, soy digno de que me amen y soy libre

Para que el niño fortalezca su autoestima, es imprescindi­ble que vaya construyendo su propia existencia sobre el convencimiento de que tiene valor en sí (no por lo que hace y tiene), y esto le convierte en un obje­to de amor y cariño, al mismo tiempo que le permite ser libre, sobre todo en sentir y poder expresar con palabras sus sentimientos positivos y negativos.

A veces, pese a un buen clima psicológico, el indivi­duo no ha conseguido una alta autoestima porque no ha sabido o no ha podido procesar esas vivencias po­sitivas; entonces el fantasma de la insatisfacción y angustia se puede hacer presente en forma de una enfermedad depresiva.

La vulnerabilidad social en la depresión


El grupo social (familia, escuela, amigos) va troque­lando al sujeto y es una influencia significativa en su conducta. El individuo, como ser social, está entrela­zado con el comportamiento de los demás. Esos es­trechos lazos son en parte generadores de nuestros sentimientos (amor, odio, celos, etc.), pero también origen de recompensas (valoración, aprecio y afecto) y castigos (rechazo, agresión, etc.)

Cuando el grupo es estable y sano, sus miembros se enriquecen psicológicamente; cuando el grupo es dis­funcional puede dificultar el bienestar psíquico del sujeto. De ahí la importancia de convivir en una fami­lia, escuela, etc., que transmita valores positivos. En estos casos, el grupo se convierte en un buen soporte para afrontar la depresión o cualquier adversidad.

Por el contrario, si el grupo es disfuncional (graves conflictos de convivencia, agresividad, adicciones…), favorecerá la aparición de enfermedades mentales, y entre las más frecuentes se encuentra la enfermedad depresiva.

A este respecto recuerdo una sentencia de Séneca que dice así: “No importa qué, sino cómo se sufre”, que podemos completar diciendo: “No importa qué, sino cómo se sufre y con quién se sufre”.

Factores estresores en la depresión

Podemos definir el factor estresor como cualquier situación o suceso familiar, personal o social que pro­voca estrés. Así, el paro, la enfermedad de un familiar, el diagnóstico de enfermedad mortal, una violación, etc., son factores estresores que pueden provocar el desequilibrio emocional de la persona.

Las conse­cuencias del factor estresor están en función de dos parámetros: la característica del propio factor estre­sor (más o menos intenso, inesperado o no, etc.) y la personalidad del sujeto (con alta o baja autoestima, dificultades o no de interacción con los demás, etc.). En definitiva, su gradiente de salud mental. Cuanto más sanos seamos mentalmente, mejor sabremos responder a los factores estresores.

A veces el factor estresor no es identificable. Es el caso de Carmen, el personaje de nuestra historia, que me pregunta: “Doctor, ¿por qué me deprimo?”, ya que no reconoce ningún acontecimiento traumático reciente y, por tanto, no puede “identificar” el origen de su depresión. Con frecuencia pueden intervenir factores “microestresores” (malestar generalizado, frustra­ciones...) cuya suma pueden desencadenar la depre­sión; otras veces no se identifica en el nivel conscien­te ninguna causa, pero profundizando podremos encontrar experiencias no resueltas o traumas repri­midos y no elaborados.

Cómo prevenir la depresión 

En definitiva, la enfermedad depresiva es un juego de fuerzas que abarca desde la vulnerabilidad genética, pasando por la propia personalidad del sujeto, que se ha ido fraguando a lo largo de su biografía, así como la entidad del grupo social y familiar donde se desarro­lla, y por último, en algunos casos, el acontecimiento vital que se ha producido en los seis meses anteriores:muerte de un familiar, sentirse rechazado, minusvalo­rado, etc. No obstante, dependiendo de la entidad del cuadro depresivo, tendrá más o menos importancia cada uno de los tres impactos ante descritos.

En algunas ocasiones, la vulnerabilidad genética constituye el factor principal, como ocurre en la de­presión mayor, el trastorno bipolar, la ciclotimia y el trastorno esquizoafectivo; en otras ocasiones (depre­sión situativa, depresión neurótica y depresión so­matógena), la situación psicológica y social de la per­sona será lo más significativo; y, por último, en ocasiones el factor estresor (muerte de un familiar, pérdida de trabajo, ruptura sentimental, diagnóstico de enfermedad mortal, etc.) constituirá el factor de­cisivo para que la enfermedad depresiva aparezca. 

Podemos señalar que una consecuencia de esta teoría de los tres impactos es la importancia de la prevención para evitar la enfermedad depresiva. Es evidente que el primer impacto (la vulnerabilidad ge­nética), con los conocimientos actuales, no podemos modificarlo (nacemos con una carga genética deter­minada y además desconocemos en qué consiste la esencia de esa vulnerabilidad); ni tampoco, en mu­chas ocasiones, podemos evitar el tercer impacto (acontecimiento traumático). 

Por tanto, solo pode­mos incidir en favorecer un desarrollo sano de la per­sonalidad y posibilitar un encuadre grupal (familiar y social) que sea acogedor y ayude al crecimiento psicológico del individuo. De aquí se deduce la importancia de la prevención en salud mental para disminuir la aparición de nuevos cuadros depresivos.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza.

lunes, 27 de julio de 2015

Cómo hacer un listado de señales de alarma de manía o depresión

Debemos escoger diez síntomas de alarma o pródromos que sean conductas, no pensamientos ni sentimientos. Las conductas son más fáciles de detectar y se relacionan con las emociones. Es más fácil, por ejemplo, medir cuántos cafés se ha tomado en un día (conducta objetiva) que si está irritable (sentimiento difícil de medir). Ésta es una forma rápida que le permitirá medir su estado de ánimo de una forma objetiva.

Esta lista deberá contener conductas que antecedan a la enfermedad, pero que no sean síntomas de la misma, dado que si son síntomas será demasiado tarde para hacer un tratamiento precoz.

Características que debe tener un pródromo:
  1. Debe ser una conducta: algo que hace o que deja de hacer. No poner pensamientos ni sentimientos 
  2. Esta conducta debe representar un cambio apreciable para usted 
  3. Debe aparecer de forma regular algunos días antes de la descompensación 
  4. La conducta debe ser concreta y referida al día de hoy 
Vemos un ejemplo de pródromos de manía (no siempre debe ser así ni en la misma medida):
  • Dormir menos de 6 horas (normalmente duerme ocho horas)
  • Tomar más de cinco cafés en un día (normalmente toma 3 como máximo)
  • Fumar más de 10 cigarrillos/día (habitualmente fuma 7 cigarrillos/día)
  • Saltarse una comida (habitualmente nunca se salta ninguna comida)
  • Ir al gimnasio cuatro veces a la semana (normalmente va dos días)
  • Quedar con más de dos chicos a la semana (habitualmente puede quedar con un chico)
  • Conectarse a Internet para chatear cada noche antes de acostarse (normalmente antes de acostarse lee un libro)
  • Realizar más de cinco llamadas al día (lo habitual es que llame dos/tres veces)
  • Quedar dos noches entre semana con amigos (habitualmente no queda entre semana)
  • Iniciar conversaciones con personas de poca confianza (en eutímia no lo hace)
Ejemplo de pródromos de depresión:
  • Se viste con chándal (habitualmente se viste más arreglado)
  • No devuelve las llamadas de teléfono (normalmente siempre lo hace)
  • Descienden los contactos sexuales con su pareja a una vez a la semana (lo habitual es que tengan tres contactos sexuales a la semana)
  • Deja de hacerse la cama (siempre se la hace)
  • Empieza a dejar de ducharse, en una semana no se ducha tres días (en eutimia se ducha cada día)
  • Se acuesta antes de las 23 h. (habitualmente se va a dormir a las 24h)
  • No se levanta cuando suena el despertador (siempre se pone el despertador y no tiene dificultades para despertarse)
  • Sólo va al gimnasio un día a la semana (lo habitual es que vaya tres veces)
  • Deja de escuchar música en su coche (habitualmente siempre pone la radio)
  • Deja de lavarse los dientes (en eutimia se lava los dientes tres veces al día)
Un aspecto fundamental en el tratamiento del trastorno bipolar es la detección precoz de los síntomas de alarma (denominados en medicina como pródromos). En los grupos de psicoeducación se enseña a las personas con trastorno bipolar a detectar estos síntomas precoces para poder actuar rápidamente ante una recaída. Veamos cómo hacer este listado y cómo se debe utilizar.
Cuando haya terminado la lista puede crear una "tarjeta apagafuegos", en la que constará por un lado el nombre y teléfono de contacto de su psiquiatra y por el otro lado el listado de pródromos de hipomanía/manía y depresión.

Esta tarjeta se debe poner en un lugar visible para poder repasarla cada día. Si tiene tres pródromos del listado, debe poner en marcha el siguiente plan de emergencia:
  1. Confirmar o descartar que está iniciando un inicio de hipomanía/manía o de depresión. Para este paso debe contar con su persona de referencia que es una persona que debe conocer el trastorno bipolar, conocer cuáles son sus síntomas de recaída, ser una persona de su confianza y que tengan bastante contacto. Si confirmamos que estamos iniciando una fase de hipomanía/manía o depresión pasamos al siguiente paso, si no es así, seguiremos observando nuestro estado de ánimo durante los días siguientes. 
  2. Contactar con su terapeuta (psiquiatra o psicólogo) para acabar de confirmar el inicio del episodio y qué medidas farmacológicas o conductuales son adecuadas.
En esta noticia hemos explicado la importancia de que la persona con trastorno bipolar y su persona de referencia detecten posibles señales de recaída de la enfermedad. Para ello, hemos detallado cómo se hace el listado de señales de alarma o pródromos y cómo actuar en caso de que tenga tres señales de alarma o más. De esta forma, detectando precozmente, podemos evitar una recaída.

Bibliografía
  • Colom, F. Vieta, E.El trastorno bipolar. Superando los altibajos del ánimo. Una guía para profesionales, familias y pacientes. Morales y Torres. Barcelona, 2006.

Fuente: http://www.forumclinic.org/

viernes, 24 de julio de 2015

Diferencias entre depresión mayor, distimia y trastorno bipolar


Depresión mayor, distimia o trastorno bipolar:¿Qué diferencias hay?

Este tipo de preguntas son frecuentes en mi trabajo. Las enfermedades psiquiátricas son tan desconocidas y al mismo tiempo tan tabú que la gente se asusta y se confunde, pensando que sufre patologías que en verdad no tiene.
Depresión mayor
Una depresión mayor, es un tipo de trastorno del estado de ánimo grave, en que la persona está extremadamente decaída, triste, abatida, sin ganas de hacer prácticamente nada. Los ámbitos vitales del paciente se ven afectados, es decir, no puede trabajar, no puede mantener un contacto regular con sus amigos, no realiza actividades de ocio, etc. Muchas veces hay pensamientos autolíticos o ideas de suicidio. El trastorno depresivo mayor normalmente aparece de repente, precipitado o no por algún suceso interno o externo que lo active. Se nota un cambio claro y considerable en la persona, de manera que todo el mundo puede darse cuenta de que el sujeto está sufriéndolo.
Trastorno bipolar
Un trastorno bipolar es muy particular, con síntomas específicos y concretos. Se caracteriza por la prevalencia de largos periodos depresivos, normalmente muy graves, intercalados con fases maníacas, en que la persona está muy eufórica y alterada. Estas etapas son extremas, el sujeto se siente invencible, con mucha energía y fuerza, pensando que puede hacer cualquier cosa. Los que están alrededor como la familia o amigos se dan cuenta que a la persona en sí le pasa algo extraño, su comportamiento no se percibe “normal”, y en la mayoría de ocasiones hay conductas o actitudes  agresivas y/o de hostilidad. Debemos tener en cuenta que hay tipos y grados diferentes de depresión bipolar: trastorno bipolar tipo I (el más grave), tipo II (más leve) y mixto, más difícil de diagnosticar pues las fases de manía y depresión están más entremezcladas, incluso produciéndose casi al mismo tiempo.
Distimia
Una distimia, a diferencia de los dos anteriores, es una enfermedad mucho más imperceptible. Se trata de un trastorno del estado de ánimo que puede pasar fácilmente desapercibido y sin diagnosticar, pues la afectación de la persona, de entrada, es menor. No tiene por qué perturbar los ámbitos vitales del sujeto, el cual continúa con su vida de forma más o menos regular. Muchas veces, estos trastornos empiezan en edades tempranas (adolescencia), cuando la personalidad se está formando y los sutiles síntomas se pueden confundir con la manera de ser de la persona. Se caracteriza por la prevalencia de un estado de ánimo variable, sin motivos aparentes y, sobretodo, por la dificultad para poder disfrutar de las cosas. Los síntomas son variados, desde cansancio, falta de energía, trastornos del sueño o el apetito, dificultad de concentración, irritabilidad, tristeza, pesimismo, sentimientos de inutilidad, inseguridad personal, pensamientos obsesivos, ansiedad, entre otros. A menudo, las distimias evolucionan en el tiempo y van empeorando si no se utiliza medicación para estabilizarlas. Así que es frecuente que el paciente acuda a la consulta de un psicólogo o de un psiquiatra cuando los síntomas se agravan y empiezan a alterar áreas importantes de la vida.
Por: Helena Romeu LlabrésPsicólogo Clínico / España
Fuente: http://www.drromeu.net/

domingo, 12 de julio de 2015

"Punto y coma": Un tatuaje revolucionario en pos de la SALUD MENTAL

El tatuaje que celebra la Vida


Es probable que navegando por Internet y las redes sociales, te encuentres con fotografías de personas que lucen en su cuello o muñecas un tatuaje de punto y coma.  No se trata de la última moda emergente, sino de un gesto con un proyecto definido detrás, que ha alcanzado popularidad recientemente, y que nació para transmitir un mensaje muy claro.

Lo primero es lo primero: ¿cómo surgió esta iniciativa? Project Semicolon” nació de la mano de Amy Bleuel una de esas admirables mujeres capaces de transformar el dolor en superación. Amy, una norteamericana de 18 años, luego de pasar por una adolescencia bastante tormentosa, marcada con varios intentos de suicidio, se tatuó en el año 2013 este signo de puntuación después de que perdiera a su papá a consecuencia de la depresión suicidándose.

En ese mismo año, 2013, las estadísticas hablaban de que cada 12,8 minutos una personas decide terminar con su vida en el mundo.

Entre el punto final y el punto y coma la diferencia puede ser poca. Este último indica una pausa mayor que la coma pero más pequeña que el punto y la Real Academia Española indica que uno de sus usos es para separar oraciones o ideas independientes, pero que guardan una cierta relación con el tema del párrafo, está dotado de continuidad.

“Proyecto punto y coma (en español) tiene un propósito claro: luchar contra la depresión, el suicidio, la adicción y todas aquellas prácticas autodestructivas que atentan contra nuestro desarrollo pleno. 

Muchas son las personas que se han sentido identificadas con este proyecto y han tatuado su principal símbolo en la piel. Para ellas, este acto ha representado una estrategia para conectarse con otras personas en su misma situación, demostrar su valentía y -por sobre todo- sus ganas de seguir. El tatuaje del punto y coma se convierte en un recordatorio permanente para aquel que se lo hace de que ha elegido apostar y continuar con la vida.


Gracias al apoyo de músicos, medios de comunicación y personas anónimas en redes sociales, el 'proyecto Punto y Coma' se ha convertido en un mensaje de esperanza que se ha propagado a distintas partes del mundo y se ha convertido en un símbolo de lucha, esperanza e inspiración para todas aquellas personas que se encuentren batallando con estos problemas de salud mental, tan frecuentes.

En definitiva, este punto y coma es la manera más ilustrativa de expresar: Mi historia todavía no ha terminado, decido celebrar la vida”



Fuentes consultadas: Europapress.es / Vivirsalud.imujer.com

miércoles, 6 de mayo de 2015

La estigmatización mediática y la enfermedad mental

"El alumno de la ballesta sufre un trastorno mental". Este titular de prensa, publicado en un diario de tirada nacional, proclamaba que un posible "brote psicótico", palabras pronunciadas por la consejera de Educación de la Generalitat de Cataluña, habría motivado la muerte de un profesor a manos de un alumno de segundo de ESO en un instituto de Barcelona. "Un chaval normal de una familia normal", tal y como lo describían sus compañeros.
La palabra "normal" también aparecía asociada al piloto de Germanwings que estrelló un avión de la compañía en los Alpes franceses. Aunque no tardaron en aparecer sus antecedentes psiquiátricos. Ambos sucesos, tan trágicos y mediáticos, han vuelto a poner de manifiesto el hecho de que las personas que cometen actos de violencia tan espantosos sufren una enfermedad mental. Es como si la sociedad necesitara explicarse algo tan terrible a través de los trastornos mentales, en vez de asumir que el mal y la violencia acompaña a la humanidad a lo largo de su historia. Cada día mueren miles de personas en el mundo en guerras, hambrunas, masacres, terrorismo o violencia de género. Y el 97% de quienes cometen esos crímenes no padece ningún trastorno. Solo el 3% de las personas con enfermedad mental comete actos violentos a causa de su enfermedad, cuando no reciben el tratamiento adecuado.
La idea de que la enfermedad mental esta íntimamente relacionada con la violencia no tiene base científica. Las personas que la padecen rara vez son peligrosas para la sociedad en general. Lo más normal es que realicen conductas agresivas hacia ellos mismos o hacia el entorno familiar y sean víctimas de abusos y malos tratos, además de ver vulnerados sus derechos.
De hecho, son personas como cualquier otra: estudian, trabajan, tienen familia, hijos, amigos, ejercen sus derechos y obligaciones como ciudadanos. Su enfermedad no supone ningún impedimento para poder llevar una vida normalizada y estar plenamente integrado en la sociedad. El único rasgo que puede distinguir a este colectivo son los apoyos necesarios para favorecer su autonomía personal y una vida independiente.
¿Por qué se dice en titulares que el asesino era esquizofrénico? Nadie lo menciona cuando es diabético o hipertenso. Se debería evitar "etiquetar" a las personas con problemas mentales llamándolas, por ejemplo, "esquizofrénicos", por la misma razón que no se dice "sidoso" ni "canceroso". También habría que evitar informaciones sensacionalistas, tendenciosas y no contrastadas, y romper la asociación entre enfermedad mental y violencia.
En ese sentido, es lamentable que muchas personas no sean capaces de ver a la persona, sino solo al enfermo, como si su problema totalizara todos los aspectos de su vida: "Esta no es Alicia, una abogada que fuma a escondidas y a la que le encanta el senderismo, el cine y los musicales. Solo es alguien con trastorno bipolar". Hablamos de una realidad que afecta a una de cada cuatro personas a lo largo de la vida. Todos tenemos probabilidades de padecer una enfermedad mental, al igual que ocurre con muchos otros tipos de enfermedades.
Entendemos que la falta de tiempo y de especialización contribuyen a que los medios de comunicación reproduzcan prejuicios sobre la enfermedad mental, que está sobredimensionada en las secciones de Sucesos e infrarrepresentada en las de Salud. Desde este colectivo que represento creemos que una armonía entre la tiranía del lenguaje políticamente correcto y la operatividad de las palabras --es entendible que 'persona con enfermedad mental' no cabe en un titular--, con la sensibilidad y falta de prejuicios que merece el colectivo podría ayudar a informar con más rigor sobre la enfermedad mental.
En todo caso, el mejor modo de evitar que una persona con esquizofrenia protagonice un hecho violento es prevenir: evitar que abandone su medicación, mejorar la atención sociosanitaria y apoyar a su familia. Y para difundir esos mensajes los medios de comunicación son una herramienta indispensable.
Por Antonio Garrido - Presidente de Asaenec (Asociación de allegados y personas con enfermedad mental de Córdoba.España)

Fuente: www.diariocordoba.com

sábado, 11 de abril de 2015

Monumental biografía de un alma secreta: "Virginia Woolf "


Curioso: discretísima y secreta, Virginia Woolf escribió gran cantidad de cartas y diarios personales en los que dio cuenta de sus fantasmas interiores. Precursora del modernismo y del feminismo, miembro del círculo de Bloomsbury (en el que militaban intelectuales como Bertrand Russell, Roger Fry y Katherine Mansfield) y creadora de novelas como La señora Dalloway y Las olas, cuentos y ensayos, padeció trastorno bipolar y se suicidó a los 59 años.
Las cartas y los diarios sirvieron como base de Virginia Woolf. La vida por escrito (Taurus), libro de Irene Chikiar Bauer, editado en España. Biografía monumental y fresco de época (que retrata el paso del puritanismo al modernismo en la Inglaterra de fines del siglo XIX e inicios del XX, y donde aparecen Joyce, Henry James y el grupo Bloomsbury, entre tantos), ausculta las turbulencias de Woolf y sus elecciones sexuales, y medita sobre el placer, la literatura y el miedo a la locura. Chikiar cita prudentemente a Woolf para delatar la complejidad de su tarea: "No se puede escribir directamente acerca del alma. Al mirarla, se desvanece"
FUENTE: Victor Hugo Ghitta | LA NACIÓN
Libro: "Virginia Woolf. La vida por escrito"  es una exhaustiva biografía de la escritora británica Virginia Woolf, elaborada durante siete años por la periodista y socióloga argentina Irene Chikiar Bauer. Sinopsis: http://www.tendencias21.net/Virginia-Woolf-La-vida-por-escrito-se-presenta-en-Madrid_a39754.html#

lunes, 19 de enero de 2015

Advierten del aumento en el diagnóstico de trastorno bipolar en niños

Uno de los últimos estudios de psiquiatría en América Latina, arrojó que la depresión es la primera causa de consulta mental en la región. De ellos, el 46% son en quienes alcanzaron un nivel primario de educación, un 40% los que realizaron estudios secundarios y un 12% los profesionales. 

Esa misma investigación, publicada en junio de 2014 en el XVIII Congreso Centroamericano de Psiquiatría,  alertó sobre un aumento en el diagnostico de depresión en niños y adolescentes, pese a que en la mayoría de los casos se suele calificar en personas adultas.


En este contexto, el trastorno afectivo bipolar (TAB) es uno de los tipos de depresión que más ha preocupado al mundo de la psiquiatría y psicología ya que ha habido un gran aumento en el diagnóstico de los niños. 


“A pesar de que ha habido un gran aumento en el diagnóstico de trastorno bipolar en niños, resulta delicado hacer el diagnóstico antes de los seis años de edad debido a que los niños pequeños suelen presentar cuadros atípicos, siendo difícil predecir si los síntomas que presentan evolucionarán posteriormente hacia bipolaridad o hacia otro trastorno psiquiátrico”, indica la psiquiatra infanto-juvenil del centro de tratamiento de conductas adictivas Nevería, Paula Zomosa. 


Este trastorno puede debutar con un cuadro de depresión y presentar en la adolescencia o adultez un cuadro de exaltación del ánimo y existen indicadores que permiten predecir qué niños y/o adolescentes con depresión tendrán mayor riesgo de ser bipolares.


Sus causas se deben a factores de tipo genético, biológico, psicológico y ambiental. Un niño hijo de un padre bipolar tiene un 25% de riesgo de presentar la enfermedad. Si ambos padres son bipolares, el riesgo aumenta entre un 50 y 70%. De acuerdo a factores externos, hay ciertos hechos que podrían ser desencadenantes en el trastorno como la separación de los padres, problemas escolares o abuso sexual y físico. 


El trastorno afectivo bipolar es un trastorno que se caracteriza por tener cambios rápidos de ánimo con periodos de exaltación (manías) que se pueden manifestar por expansividad o altos niveles de irritabilidad. Estos cambios de conducta hacen al niño mostrarse muy omnipotente, egocéntrico, eufórico o excesivamente optimista y contento, sin causa aparente y con disminución de la necesidad de dormir. 


“Se pueden percibir como niños impredecibles, beligerantes, impulsivos, con explosiones agresivas en forma de “pataletas” severas, frecuentes y desproporcionadas, en relación a temas triviales, como lavarse los dientes o ir a acostarse”, explica la especialista. 


Otro de los rasgos que tienen estos niños son la desinhibición e involucramiento excesiva en actividades riesgosas o placenteras, que pueden convertirse en la adolescencia en una serie de conductas peligrosas como promiscuidad, escaparse de la casa y hasta consumir drogas. 


A diferencia de los adultos, cuyos cuadros clásicos se manifiestan de forma cíclica a los largo de la vida, los más pequeños suelen tener estos síntomas en forma más continua y crónica que episódica. 
Este trastorno se puede confundir con el déficit de atención producto de la hiperactividad, dificultad para concentrarse y baja tolerancia a la frustración que se da en ambos casos

En este punto, la psiquiatra advierte que estos síntomas se pueden confundir con el déficit atencional y trastornos conductuales ya que éstos son frecuentes en ambos casos, producto de la hiperactividad, dificultad para concentrarse, baja tolerancia a la frustración y tendencia a no medir los riesgos. 



“Es frecuente que el TAB de inicio en la niñez y coexista junto a los mismos trastornos mencionados previamente, lo que hace más compleja la distinción”, comenta la psiquiatra. 


La función de los padres


El rol de los padres es fundamental para que un niño conlleve esta enfermedad, que no tiene cura, de la mejor manera. 


La recomendación de los especialistas es solicitar una evaluación por un psiquiatra infanto-juvenil para realizar el diagnóstico donde previamente evaluará los síntomas actuales y remotos, los antecedentes del desarrollo, antecedentes psiquiátricos de la familia e información recopilada del colegio o institución donde se encuentre respecto a su edad. 


La psiquiatra enfatiza en que antes de realizar cualquier diagnóstico se debe descartar el uso de medicamentos, drogas y patología médica pudiendo solicitar exámenes complementarios.


Es importante destacar que no existe ningún examen que permita diagnosticar la bipolaridad, éstos se pueden realizar solamente para descartar otras patologías y como complemento a la evaluación. 


Una vez realizado el estudio diagnóstico, el médico puede orientar a los padres sobre modificaciones que se deban realizar en cuánto a los hábitos del niño, dinámicas en la familia y en el colegio, además de indicar tratamiento farmacológico y dependiendo del caso, psicoterapia individual y/o familiar, afirma la psiquiatra.

FUENTE: Grupo de Diarios de América www.gda.com

jueves, 25 de septiembre de 2014

A propósito de la Agresividad y el Trastorno Bipolar - Titulares que contribuyen a la estigmatización

Conductas agresivas vs trastorno bipolar. Algunas precisiones

Titulares que contribuyen a la estigmatización

Los medios de información hacen un flaco favor cuando en sus titulares tachan a los enfermos con trastorno bipolar de maníacos peligrosos. Sobre todo cuando, tal y como aseguran los expertos, la violencia no es, ni mucho menos, un rasgo definitorio del trastorno bipolar. Sin embargo, los medios se obsesionan en muchos casos en airear que asesinos y otros delincuentes padecen esta enfermedad, lo que contribuye a estigmatizar a estos pacientes y a crear una atmósfera de desconfianza hacia ellos.


Expertos reunidos durante el XII Seminario Lundbeck para periodistas sobre Trastorno Bipolar 'Ánimo sin control', han denunciado que los medios de información contribuyen a estigmatizar el trastorno bipolar. Según los especialistas, se tiende a relacionar conductas agresivas con enfermedad mental; sin embargo, en la mayoría de los casos, los asesinatos se cometen por problemas transitorios, no por problemas mentales.

Ana González-Pinto, jefe de Psiquiatría Clínica del Hospital Universitario Santiago Apóstol de Vitoria, asegura que ‘el paciente bipolar no es violento. Es más fácil que sea víctima a que sea el agresor’. Anabel Martínez Arán, especialista en Psicología Clínica en el Hospital Clínic de Barcelona, completa esta afirmación: ‘Se puede ser violento si está sin medicación durante un estado maniaco y ha consumido bebidas o drogas, igual que cualquier otra persona’. La psicóloga catalana pone el énfasis en ‘los matices’.

Ambas expertas lamentan que hayan existido y existan titulares ‘que generen que la sociedad piense que el trastorno bipolar conduce a asesinatos’. En este mismo sentido se expresa José Manuel Montes, jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario del Sureste de Madrid: ‘A través de la imaginaria popular se trata de explicar actos violentos a través de una subyacente enfermedad mental. Esto tiene que ver con que se busca una explicación para encontrar la tranquilidad. Y tienden a aislar a estas personas como mecanismo preventivo’.

El experto subraya que ‘impacta muchísimo más que una persona con enfermedad mental cometa un acto violento a que el acto no tenga que ver con enfermedades mentales’. Ante esta afirmación, los periodistas participantes en el Seminario concluyeron que sería ‘muy oportuno’ aprovechar casos en los que se mencione el trastorno de la persona o la enfermedad mental que padece ‘para aclarar a la sociedad lo que es el trastorno en sí’ y así contribuir a desestigmatizar las enfermedades mentales.

‘Si con la epilepsia o la lepra se ha dado el paso de disminuir el estigma hasta incluso acabar con él, con la enfermedad mental también se debería dar el paso’, anima Ana González-Pinto. Y añade: ‘Deberíamos fomentar que se asocie el trastorno bipolar a mensajes positivos’. Todos los expertos concluyen que añadir información sobre enfermedades mentales, en general, o sobre el trastorno bipolar, en particular, no añade nada al interés informativo de la noticia. ‘Si padeciera cáncer, sería exactamente igual de relevante contarlo’, insisten.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Qué es ser "Bipolar"?

Trastorno Bipolar - Algunas Precisiones

Se considera que una persona padece desordenes bipolares si a lo largo de su vida ha sufrido depresiones profundas y al menos una vez ha pasado por un episodio de "manía". Por "manía" se entiende una conducta fuera de lo común de una persona en que actúa de forma eufórica constantemente. En esos períodos la persona puede que gaste más dinero de lo habitual, que compre cosas innecesarias. También se considera dentro de esta fase el aumento de la irritabilidad y la ausencia de sueño. Generalmente en la "manía" el enfermo es incapaz de controlar su vertiginoso ritmo de pensamientos. Se dice que no conoce límites y desorbita su propia capacidad. La depresión es la otra cara del trastorno bipolar.El cambio de una fase a otra (de manía a depresión) es variable y entre fases hay periodos de estabilidad. La frecuencia varía de una persona a otra.

PERO NO ESTAS SOLO: Al trastorno bipolar también se le conoce como enfermedad maníaco-depresivo. Afecta según los últimos estudios a cerca de un 2% de la población y no al 1 % como se creía hasta ahora.Para quienes padecen este trastorno puede ser muy perturbador. Pero tienes que saber que no estás solos en estos cambios de estado de ánimo.

TU NO TIENES LA CULPA: La bipolaridad suele aparecer en la adolescencia o al principio de la edad adulta, aunque cada vez son más los casos de niños que la padecen. Esta enfermedad no depende de ti. Es un trastorno que afecta la habilidad para ser funcional en las actividades de cada día. Afecta el trabajo o los estudios, a nuestras familias y a la vida social. Hoy en día se sabe más acerca de las causas y del tratamiento de este problema mental. Sabemos que hay causas biológicas y componentes psicológicos en TODOS los TRASTORNOS BIPOLARES. Y que la mejor forma de tratamiento es la combinación de medicinas y psicoterapia. Contrariamente a lo que se creía hasta ahora el enfermedad no es exclusivamente bioquímica o un desorden médico.(Mental Health Net. MHN)
  
El Gran Acontecimiento: Conseguir la remisión. El más importante acontecimiento relativo a la Salud Mental del pasado año 2002, éste sería uno que subyacía pendiente y que se encontraba prácticamente olvidado, uno que pasó virtualmente desapercibido en su momento pero que tiene enormes implicaciones para el futuro. Éste sería la inclusión de esta frase en la Guía práctica revisada para el tratamiento de pacientes con trastorno bipolar de la American Psychiatric Association, publicada en abril de 2002: “El tratamiento está destinado a la estabilización del episodio con el propósito de conseguir la remisión, definida como un completo retorno a un nivel de base de funcionamiento y una virtual ausencia de síntomas.” La Guía continúa citando la prevención de futuros episodios como meta para el tratamiento a largo plazo. La Guía se hace eco de la pionera Tima Bipolar Disorders Algorithms, publicada en el estado de Texas en octubre de 2001, que cita como su meta de tratamiento “ la total remisión de los síntomas- no sólo la respuesta al tratamiento”. En contraste, la Guía APA de 1994 virtualmente nos hizo un daño irreversible:“Las metas específicas del tratamiento son disminuir la frecuencia, severidad y consecuencias psicosociales de los episodios y mejorar el funcionamiento psicosocial entre episodios. Algunos pacientes con daños crónicos necesitarán servicios específicos de rehabilitación”. Como ironía, la puesta de obstáculos al tratamiento se produce en un momento en que la psiquiatría está despertándose para contemplar cuán enfermos nos hallamos. En la Cuarta Conferencia Internacional sobre el Trastorno Bipolar en 2001, El Dr. Robert Post de la Red Bipolar de la Fundación Stanley observó que el trastorno bipolar es más recalcitrante al tratamiento de lo que creíamos, y según el Dr. Mark Bauer de la Universidad Brown, en la misma reunión, 30 a 50 por ciento de los pacientes bipolares permanecen crónicamente enfermos.
  
Entonces, ¿qué bien nos hace una gota de agua en el desierto?
  1. Refleja las elecciones de tratamiento ahora disponibles, incluyendo antipsicóticos atípicos para la manía y Lamictal para la depresión bipolar.
  2. Por diferencia a la antigua Guía, esta se basa en el principio de que si el tratamiento A falla, entonces intentemos el B y sino el C hasta que se llegue a un resultado favorable (eso esperamos).

  
En términos no dudosos, la APA ha advertido a sus miembros que abandonarnos no es una opción, a pesar de la severidad de nuestros síntomas o los tratamientos que hayan fracasado en el pasado. En esencia, nuestro derecho a ponernos bien y permanecer bien ha sido codificado, y en esta era de costes ascendentes y servicios que se deterioran no es un gesto pequeño.

Nuevos tratamientos y la expansión de conocimientos pronto volverán esta Guía obsoleta. Pero no hay vuelta atrás del principio que la gobierna de “lograr la remisión... volver a los niveles básicos de funcionamiento y ausencia virtual de síntomas.” Por primera vez, disponemos de un standard mediante el cual podemos apoyar a aquellos que nos tratan y posiblemente asegurarnos de su responsabilidad. Como se desarrolle esto será la gran historia de 2003 o 2004.

Desde el punto de vista de las cinco historias principales que se incluyeron en esta publicación, el meta-análisis realizado por July Kirsch-Moore de 47 historia breves controladas como placebo en ensayos de antidepresivos de la base de datos de la FDA, era claramente el estudio del año, planteando serias cuestiones sobre la efectividad de los antidepresivos, la forma de llevar a cabo los ensayos de medicamentos, y el proceso de aprobación de la FDA. Sí, los antidepresivos probablemente funcionen. El problema es que las compañías farmacéuticas no tienen medios fiables de probarlo.

FUENTE: Bipolarweb

En la imagen: Libro "Amar a un Bipolar" Cómo comprender y amar a tu cónyuge Autores: Julie A. Fast y el Dr John Preston - Lectura recomendada