Translate

Mostrando entradas con la etiqueta trastornos del ánimo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trastornos del ánimo. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Por qué me deprimo?

“¿Por qué me deprimo?”. Es la pregunta que Carmen se hacía todas las mañanas desde ese día aciago en “que no se podía levantar”. En un intento por ‘justificar’ su estado pensaba en la presión asistencial de su trabajo (trabaja de enfermera en un gran hospital), los problemas con los hijos (uno de ellos tenía dificultades escolares) o la incomprensión cada vez más frecuente con su marido. ¿Justificaban esas circunstancias su estado deprimido? 

Vivimos bajo el paraguas del determinismo. Así afirmamos: “Me deprimo porque mi padre era una persona depresiva”, o “estoy deprimido por las circunstancias adversas familiares o laborales”, o “estoy deprimido, pues ha fallecido mi madre o porque me han diagnosticado una enfermedad grave”, etc.

De esta forma ‘justificarnos’ nuestro estado deprimido y, al ‘identificar’ una causa, nos sentimos menos angustiados. Pero la depresión clínica es multidi­mensional, y en todo caso su origen es complejo. 

Es curioso detectar que este determinismo de nuestra conducta que defendemos en el campo de la psicología ni siquiera las ciencias físicas lo admiten para sus fenómenos, al menos después del “principio de indeterminación” de Heisenberg, entre otros. Es decir, si el mundo material es complejo y sus efectos no son consecuencia de una sola causa, con mayor razón podemos afirmar que el mundo psíquico es mucho más inconsistente y mucho menos previsible, y por lo tanto el origen de nuestra conducta es multifactorial. 

El ser humano se va construyendo a lo largo de su propia biografía por los impactos internos y externos que va recibiendo a lo largo de su vida. Es cierto que las experiencias traumáticas vividas en la infancia influyen en las características de la personalidad del adulto, pero también es cierto que lo más importante es cómo se viven esas experiencias, lo que posibilitará un desarrollo sano o enfermo.



Lo determinante, pues, no es la experiencia en sí (por muy traumática que sea, aunque, a mayor gravedad, más dificultad para cicatrizar la herida), sino cómo cada persona la incorpora a su propia experiencia. Podemos afirmar, por tanto, que el desarrollo del niño no está determinado por los problemas que haya vivido, sino por cómo los ha elaborado. Por eso, dos niños que hayan vivido traumas semejantes (abusos, malos tratos, etc.) pueden evolucionar de forma muy diferente: uno puede padecer una depresión de adulto y otro no.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podemos hacernos la pregunta: ¿por qué 'se me cruzan los cables' y me deprimo? Dependiendo de la orienta­ción psicológica en que nos situemos, nos surgirán di­ferentes respuestas. Así, los psicólogos y psiquiatras de orientación biológica dirán que es consecuencia del descenso de serotonina, noradrenalina o dopamina, neurotransmisores que tenemos en las sinapsis cere­brales. Sin embargo, los profesionales más de orienta­ción psicológica insistirán en que la persona se depri­me, de forma clínica, por la falta de recursos personales y grupales para afrontar la situación traumática o el propio discurrir por la vida.

Existe tanta implicación entre ambas teorías que es difícil decantarse por una de ellas. Por mi parte, considero que la verdad está en la conjunción de ambas posturas, aunque en algún tipo de depresión (por ejemplo la depresión mayor)­ primarán los aspectos biológicos e incluso la vulnera­bilidad genética, y en otras depresiones (cuadros adaptativos y depresión neurótica o distimia, entre otras) predominarán los factores psicológicos (perso­nalidad, etc.) y sociales (contexto grupal y familiar).

Teoría de los tres impactos en la enfermedad depresiva


El origen de la enfermedad depresiva es, por tanto, multifactorial y, aunque desconocemos la causa de la depresión, sí sabemos que diversas cir­cunstancias influyen en su aparición. Para que el puzle de la depresión se constituya son necesarias diversas piezas o factores, y además que encajen per­fectamente. Esto es lo que hemos denominado la teo­ría de los tres impactos: vulnerabilidad genética, vulne­rabilidad psicosocial y, en ocasiones, la aparición de un acontecimiento estresor.



La vulnerabilidad

El concepto de vulnerabilidad, tal como lo describe el Diccionario de la Real Academia Española, se refiere a la cualidad de vulnerable, es decir, la posibilidad de ser herido o recibir alguna lesión física o moral. La vulnerabilidad es una cualidad inherente al ser hu­mano. No existe la persona invulnerable, pues todos somos finitos e imperfectos, pero lo que sí es cierto es que existen gradientes de vulnerabilidad. Es decir, existen sujetos más vulnerables que otros, y también la esencia de la vulnerabilidad es diferente: así, por ejemplo, uno puede ser más vulnerable a la depresión y otro a la esquizofrenia, y un tercero puede ser más vulnerable a las enfermedades psicosomáticas.

El concepto de vulnerabilidad se utiliza en sociolo­gía, en medicina, en el ejército y en psicología. En esta última acepción es donde nosotros nos situamos. De alguna manera, la vulnerabilidad (genética, psi­cológica o social) es la base de la enfermedad mental: en las psicosis, la vulnerabilidad tiene un soporte más genético y en los cuadros neuróticos, más psicosocial. 

La vulnerabilidad genética en la depresión


Recuerdo que, durante mi formación como psiquia­tra, hace más de treinta años, al plantearse el origen de las enfermedades psiquiátricas siempre se con­templaba lo que entonces se llamaba la “predisposi­ción genética”. Así se afirmaba que, en los grandes cuadros psicopatológicos (psicosis y depresión endó­gena), podríamos intuir que existían personas con más riesgo que otras para desarrollar la enfermedad mental. Por ejemplo, hijos de padres esquizofrénicos o depresivos. Se ha comprobado que estas enferme­dades son más frecuentes cuando los dos progenito­res han padecido la enfermedad. Y aunque nunca se ha podido concretar con exactitud en qué consiste esta "predispo­sición", es cierto que se puede defender cierta vulne­rabilidad con respecto a la psicosis y la depresión.

No es un factor determinante para la aparición de la en­fermedad, pero lo cierto es que existe más riesgo en esas situaciones que en otras. Es decir, no es una transmisión directa mendeliana, como ocurre con al­gunos aspectos físicos de la persona (el color de los ojos, la altura, etc.), sino que puede aparecer o no la enfermedad psicótica o depresiva, ya que va a depen­der también de otros factores (psicosociales y de la entidad del factor estresor).

Podemos concluir, pues, que la herencia genética, aunque es importante en el origen de la depresión, no es suficiente para que se produzca la enfermedad depresiva; se necesita de los impactos siguientes: vulnerabilidad psicosocial y/o un factor estresor.

En lo que todos los autores están de acuerdo es que en los episodios depresivos se constata una disfun­ción de los circuitos de noradrenalina, serotonina y dopamina del sistema nervioso central, junto con cambios profundos en el funcionamiento del tallo ce­rebral, el hipotálamo y las estructuras del sistema límbico. 

Lo que aún desconocemos es si este desequi­librio químico tiene un origen genético, psicosocial o producido por el factor estresor.



La vulnerabilidad psicológica en la depresión


Hace referencia a los recursos psicológicos que el su­jeto tiene o no para afrontar los diferentes acontecimientos traumáticos de su vida. Seremos más vulne­rables a padecer una depresión cuando nuestro nivel de salud mental sea más precario. En definitiva, nuestro gradiente de salud mental se relaciona inversamente con nuestra vulnerabilidad: a mayor índice de salud mental, menos posibilidad de padecer una enfermedad depresiva. Es decir, cuanto mayor sea nuestra autoestima, nuestras habilidades sociales, la capacidad de buscar soluciones a los problemas, etc., menor riesgo tendremos de caer en la depresión. Y, por el con­trario, si tenemos baja autoestima, alguna psicopato­logía o rigidez cognitiva, entre otras características, el riesgo es mayor.

Algunas personas son más proclives a desarrollar una depresión, es decir, tienen una personalidad que es más vulnerable a esta enfermedad. Es lo que pode­mos denominar personalidad depresiva.

La personalidad depresiva no siempre muestra tristeza, sino que se puede definir como apática o incapaz de sentir que su vida tenga sentido. Por eso la desesperanza es el ‘motor’ de su existen­cia. A veces este estado queda reflejado en frases como “me siento vacío” o “no tengo futuro”.

La persona depresiva siente el peso de lo cotidiano, que contempla siempre en negro. No sabe distinguir y alimentarse de los matices de la vida: un abrazo, una sonrisa o una buena acción, por poner solamente algunos ejemplos. La monotonía impregna toda su existencia. Se siente como extraña en su medio fami­liar, social o laboral.

Entre los rasgos característicos de las personas depresivas señalamos los siguientes:

# 1.- Baja tolerancia a la frustración

La vida es lucha, tensión, con una pizca de sufrimiento. El niño debe ir aceptando las frustraciones diarias (el olvido de un compañero en la celebración de su cumpleaños, la ca­rencia de un juguete, etc.), para que de adulto no sea excesivamente vulnerable a cualquier situación con­flictiva (paro, ruptura sentimental, etc.). Es una for­ma de fortalecer el yo y, consecuentemente, contem­plar al otro no como un enemigo, sino como un compañero de camino (con sus más y sus menos) en el arduo viaje de la vida.

Es necesario que ayudemos a nuestros hijos a ir asumiendo las frustraciones de la vida. ¿Cómo? No sobreprotegiéndoles de tal modo que nada de lo material se les niegue y crean que tienen derecho a todo porque son ‘el ombligo del mundo’.

#2.- Perfeccionismo

Es frecuente que las personas depresivas tengan un superyó muy rígido y muy exigente. Son muy cumplidores, autoexigentes, sin sentido del humor y perfeccionistas. Desean tener la ‘familia perfecta’, el ‘trabajo per­fecto’, los ‘amigos perfectos’ e incluso el ‘cuerpo perfecto’. Como esto no se puede conseguir, se de­primen al no conseguir sus elevadas expectativas. Son, con frecuencia, personas insatisfechas, pues nunca están contentas con lo que tienen o con lo que han conseguido, lo que produce culpa, al sentir que han fallado, y consiguientemente se deprimen.

# 3.- Dependencia del cariño de los demás

Es evidente que necesitamos al otro para conseguir nuestro bienestar. Cuanto más nos sintamos reconocidos y alabados por nuestro entorno, mejor. Pero no po­demos depender del cariño ajeno. Por eso, muchas personas se deprimen al constatar que los demás -familiares y amigos- no les muestran el amor que esperaban.

# 4.- Dificultad en expresar la agresividad

Es preciso enseñar a nuestros hijos a reconocer sus sentimien­tos (positivos y negativos) para que puedan expresar­los o canalizarlos de forma adecuada.

Si una persona no es capaz de poner palabras a su sentimiento de agresividad, éste se vuelve contra sí mis­ma y puede desarrollar una enfermedad depresiva. Por eso algunos autores hablan de la depresión como una forma de autoagresión, y la psicopatía como una forma de agredir al otro.

# 5.- Baja autoestima

Nathaniel Branden, psicoterapeuta ca­nadiense, da la siguiente definición de autoestima:

La autoestima plenamente consumada es la expe­riencia fundamental de que podemos llevar una vida significativa y cumplir sus exigencias. Más concreta­mente podemos decir que la autoestima es lo siguiente:

1) La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.

2) La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos y de tener derecho a afirmar nuestras nece­sidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.


Es decir, si no tenemos confianza en nuestras pro­pias capacidades para enfrentarnos a los factores estresores cotidianos y renunciamos a ser felices, esta­mos favoreciendo la aparición de una depresión clínica que confirme nuestros miedos: “No valgo para nada”.

La autoestima supone creer en uno mismo y no de­jarse anular por el criterio del vecino o del amigo, pero tampoco aferrarse a una idea por el te­mor a dar una imagen de debilidad o inseguridad. Es el punto medio entre la tozudez y la falta de criterios.

De forma didáctica podemos distinguir dos moda­lidades de autoestima: la esencial y la situacional. Un ejemplo de la primera es Francisca, un ama de casa feliz con su tarea, que se siente amada y respetada por los suyos. Decía en una ocasión: “Soy feliz, pues siento que mis hijos me quieren y mi marido compar­te conmigo todas sus penas y alegrías; mis sentimientos los puedo poner en común con ellos”.

Este aspecto de la autoestima es como los cimien­tos de la construcción de la propia existencia. Si falla, nunca encontraremos paz y felicidad. Sobre ella se construye la propia vida y es también el soporte de la confianza de hacer bien la tarea profesional (autoes­tima situacional).

En definitiva, el trípode sobre el que descansa la vi­vencia de autoestima se puede formular así: soy valioso, soy digno de que me amen y soy libre

Para que el niño fortalezca su autoestima, es imprescindi­ble que vaya construyendo su propia existencia sobre el convencimiento de que tiene valor en sí (no por lo que hace y tiene), y esto le convierte en un obje­to de amor y cariño, al mismo tiempo que le permite ser libre, sobre todo en sentir y poder expresar con palabras sus sentimientos positivos y negativos.

A veces, pese a un buen clima psicológico, el indivi­duo no ha conseguido una alta autoestima porque no ha sabido o no ha podido procesar esas vivencias po­sitivas; entonces el fantasma de la insatisfacción y angustia se puede hacer presente en forma de una enfermedad depresiva.

La vulnerabilidad social en la depresión


El grupo social (familia, escuela, amigos) va troque­lando al sujeto y es una influencia significativa en su conducta. El individuo, como ser social, está entrela­zado con el comportamiento de los demás. Esos es­trechos lazos son en parte generadores de nuestros sentimientos (amor, odio, celos, etc.), pero también origen de recompensas (valoración, aprecio y afecto) y castigos (rechazo, agresión, etc.)

Cuando el grupo es estable y sano, sus miembros se enriquecen psicológicamente; cuando el grupo es dis­funcional puede dificultar el bienestar psíquico del sujeto. De ahí la importancia de convivir en una fami­lia, escuela, etc., que transmita valores positivos. En estos casos, el grupo se convierte en un buen soporte para afrontar la depresión o cualquier adversidad.

Por el contrario, si el grupo es disfuncional (graves conflictos de convivencia, agresividad, adicciones…), favorecerá la aparición de enfermedades mentales, y entre las más frecuentes se encuentra la enfermedad depresiva.

A este respecto recuerdo una sentencia de Séneca que dice así: “No importa qué, sino cómo se sufre”, que podemos completar diciendo: “No importa qué, sino cómo se sufre y con quién se sufre”.

Factores estresores en la depresión

Podemos definir el factor estresor como cualquier situación o suceso familiar, personal o social que pro­voca estrés. Así, el paro, la enfermedad de un familiar, el diagnóstico de enfermedad mortal, una violación, etc., son factores estresores que pueden provocar el desequilibrio emocional de la persona.

Las conse­cuencias del factor estresor están en función de dos parámetros: la característica del propio factor estre­sor (más o menos intenso, inesperado o no, etc.) y la personalidad del sujeto (con alta o baja autoestima, dificultades o no de interacción con los demás, etc.). En definitiva, su gradiente de salud mental. Cuanto más sanos seamos mentalmente, mejor sabremos responder a los factores estresores.

A veces el factor estresor no es identificable. Es el caso de Carmen, el personaje de nuestra historia, que me pregunta: “Doctor, ¿por qué me deprimo?”, ya que no reconoce ningún acontecimiento traumático reciente y, por tanto, no puede “identificar” el origen de su depresión. Con frecuencia pueden intervenir factores “microestresores” (malestar generalizado, frustra­ciones...) cuya suma pueden desencadenar la depre­sión; otras veces no se identifica en el nivel conscien­te ninguna causa, pero profundizando podremos encontrar experiencias no resueltas o traumas repri­midos y no elaborados.

Cómo prevenir la depresión 

En definitiva, la enfermedad depresiva es un juego de fuerzas que abarca desde la vulnerabilidad genética, pasando por la propia personalidad del sujeto, que se ha ido fraguando a lo largo de su biografía, así como la entidad del grupo social y familiar donde se desarro­lla, y por último, en algunos casos, el acontecimiento vital que se ha producido en los seis meses anteriores:muerte de un familiar, sentirse rechazado, minusvalo­rado, etc. No obstante, dependiendo de la entidad del cuadro depresivo, tendrá más o menos importancia cada uno de los tres impactos ante descritos.

En algunas ocasiones, la vulnerabilidad genética constituye el factor principal, como ocurre en la de­presión mayor, el trastorno bipolar, la ciclotimia y el trastorno esquizoafectivo; en otras ocasiones (depre­sión situativa, depresión neurótica y depresión so­matógena), la situación psicológica y social de la per­sona será lo más significativo; y, por último, en ocasiones el factor estresor (muerte de un familiar, pérdida de trabajo, ruptura sentimental, diagnóstico de enfermedad mortal, etc.) constituirá el factor de­cisivo para que la enfermedad depresiva aparezca. 

Podemos señalar que una consecuencia de esta teoría de los tres impactos es la importancia de la prevención para evitar la enfermedad depresiva. Es evidente que el primer impacto (la vulnerabilidad ge­nética), con los conocimientos actuales, no podemos modificarlo (nacemos con una carga genética deter­minada y además desconocemos en qué consiste la esencia de esa vulnerabilidad); ni tampoco, en mu­chas ocasiones, podemos evitar el tercer impacto (acontecimiento traumático). 

Por tanto, solo pode­mos incidir en favorecer un desarrollo sano de la per­sonalidad y posibilitar un encuadre grupal (familiar y social) que sea acogedor y ayude al crecimiento psicológico del individuo. De aquí se deduce la importancia de la prevención en salud mental para disminuir la aparición de nuevos cuadros depresivos.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza.

martes, 18 de agosto de 2015

El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo en los niños

En los últimos años, la cantidad de niños que han sido diagnosticados con un trastorno bipolar ha aumentado. De hecho, se estima que entre el 1 y el 2% de los niños padece este problema. Sin embargo, hay ocasiones en que los síntomas no corresponden por completo a un trastorno bipolar, en ese caso, se hace referencia al trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, una nueva categoría propuesta en el DMS-5 para indicar los cuadros en los que predomina la irritabilidad.

Se trata de una especie de “enfado crónico”, un estado de ánimo que se mantiene durante la mayor parte del día y que hace que los niños tengan accesos de cólera, que se pueden manifestar de forma agresiva, ya sea rompiendo y tirando objetos o arremetiendo contra las personas que se encuentran a su alrededor o haciéndose daño a sí mismo. Este trastorno es más frecuente en los varones y su curso dependerá de muchos factores, entre ellos el diagnóstico y el tratamiento temprano.

Los estudios realizados sobre el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, no desvelan un patrón hereditario. De hecho, se ha apreciado que solo el 2,7% de los niños con este problema tienen algún padre que padece un trastorno del estado de ánimo.


Los síntomas del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo


Este trastorno se puede diagnosticar en los niños o adolescentes de hasta 19 años de edad, y se caracteriza por:

- Accesos de cólera graves y recurrentes, que pueden manifestarse de forma verbal o comportamental, y que se consideran completamente desproporcionados respecto a la causa que los provoca. Son comunes las rabietas y/o la agresión, ya sea a las personas o a la propiedad. 

- Los accesos de cólera no se corresponden con la edad de desarrollo, lo cual significa que en su base existe una incapacidad para poner en práctica los mecanismos de control del comportamiento que se espera el niño haya desarrollado al alcanzar determinado nivel de madurez. De hecho, este diagnóstico es improcedente en niños de menos de 6 años de edad.

- Los accesos de cólera son frecuentes y se producen, como media, tres o más veces a la semana.

- Entre los accesos de cólera, el niño mantiene un estado de ánimo irritable e irascible, que puede ser notado por las personas que le rodean.

En lo que respecta al tiempo, para realizar el diagnóstico del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, es necesario que estos síntomas se hayan manifestado durante más de un año, periodo a lo largo del cual, ese estado de ánimo debe haberse mantenido al menos durante tres meses consecutivos. Además, los síntomas se deben manifestar en diferentes contextos, como en la casa, la escuela y con los compañeros.

¿Cómo se comporta el niño con un trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo?


El niño con este problema suele explotar ante cualquier situación, sobre todo aquellas que generan un sentimiento de frustración. En ese caso, pueden tener rabietas, proferir malas palabras, actuar de forma violenta contra las personas que se encuentran a su alrededor y romper o tirar cosas. 

También se le nota visiblemente irritado, cualquier situación, por nimia que sea, puede desencadenar una respuesta desproporcionada, por lo que los padres suelen tener la sensación de que caminan sobre cristales ya que no saben cuándo ocurrirá el próximo acceso de cólera ni qué lo desatará.

Lo más usual es que el trastorno comience antes de los 10 años, aunque sus síntomas variarán a medida que el niño crezca. No obstante, se estima que aproximadamente la mitad de los niños con este problema, seguirá sufriéndolo después de los años. Aún así, el peor pronóstico es para los niños que desde edades muy pequeñas han manifestado un temperamento irritable.

¿Cuándo la irritabilidad se convierte en un trastorno?


Se estima que aproximadamente el 81% de los niños de menos de 6 años tienen rabietas. Aproximadamente el 20% de estos casos, llegan a presentar episodios de irritabilidad severos y recurrentes. ¿Cuándo se convierte esa irritabilidad en un trastorno psicológico?

Lo usual es que a medida que el sistema nervioso madure, el niño sea capaz de gestionar mejor su comportamiento, que aprenda a lidiar con la frustración y que le dé una salida más asertiva a las emociones negativas. Sin embargo, algunos niños no lo logran, entonces se puede instaurar el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo.

De hecho, se ha apreciado que estos niños tienen dificultades para reconocer las emociones en los rostros de las personas y responden con un estrés significativo ante tareas complicadas. En práctica, estos niños tendrían problemas para reconocer las emociones, tanto las propias como las ajenas, lo cual se ha comprobado con técnicas de resonancia magnética, las cuales han desvelado una activación menor de la amígdala durante las pruebas de reconocimiento de las emociones.

Esa incapacidad para reconocer las primeras señales de las emociones, les impide detenerlas a tiempo, por lo que la frustración y la ira aumentan cada vez más, hasta dar lugar a los accesos de cólera. No podemos olvidar que, al fin y al cabo, la irritabilidad no es más que una consecuencia de la incapacidad para dominar los procesos mentales de atención selectiva, con el fin de inhibir las respuestas desadaptativas ante la frustración.

Así, la irritabilidad que puede ser normal en un niño de 6 años, se convierte en un trastorno cuando sigue siendo la respuesta preferente de un niño mayor. Además, para que la irritabilidad se traduzca en una psicopatología, debe desembocar en accesos de cólera que afectan el rendimiento del niño en diferentes áreas y alteran profundamente la dinámica familiar.

Las consecuencias del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo


Este problema suele tener repercusiones importantes en la dinámica familiar. Es usual que los padres se sientan desorientados e impotentes, ya que no logran controlar el comportamiento del niño. Por eso, no es inusual que pierdan la paciencia y apliquen castigos desproporcionados, que pueden terminar provocando un comportamiento desafiante y oposicionista. Para estas familias, es difícil encontrar un punto de equilibrio, por lo que su vida cotidiana suele convertirse en una guerra sin cuartel.

El niño que sufre este trastorno también experimenta sus consecuencias. De hecho, debido a su irritabilidad, las relaciones con los compañeros de clase o amigos del vecindario suelen verse afectadas. Además, como tienen una baja tolerancia a la frustración, suelen tener dificultades para progresar en la escuela y les resulta difícil disfrutar en las actividades escolares o familiares en las que participan la mayoría de los niños.

Además, uno de los principales problemas aparejados al trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es que tiene elevados índices de comorbilidad, lo cual significa que casi nunca aparece solo. De hecho, es frecuente que se solape con el trastorno oposicionista desafiante y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

¿Por qué es tan importante este diagnóstico?


- El diagnóstico confiere un sentido. Cuando los padres viven una situación difícil con sus hijos, poder llegar a un diagnóstico les brinda, de repente, un sentido a todo lo que han vivido, es la respuesta a las preguntas que se han estado haciendo durante años. Les permite comprender qué estaba ocurriendo y, en muchos casos, también resulta un alivio ya que comprenden que no ha sido culpa suya.

- Acceso a un tratamiento más adecuado. Con la inclusión de esta nueva entidad, se evita catalogar a niños como bipolares, cuando en realidad no lo son. De esta forma, pueden recibir un tratamiento más adecuado y las probabilidades de superar el trastorno son mayores.



Fuentes:
. www.rinconpsicologia.com
. APA (2014) Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
. Leibenluft, E. (2010) Severe Mood Dysregulation, Irritability, and the Diagnostic Boundaries of Bipolar Disorder in Youths. The American Journal of Psychiatry; 168(2): 129-142.
. Brotman, M. A. et. Al. (2010) Amygdala Activation During Emotion Processing of Neutral Faces in Children With Severe Mood Dysregulation Versus ADHD or Bipolar Disorder. The American Journal of Psychiatry; 167(1): 61-69.

viernes, 24 de julio de 2015

Diferencias entre depresión mayor, distimia y trastorno bipolar


Depresión mayor, distimia o trastorno bipolar:¿Qué diferencias hay?

Este tipo de preguntas son frecuentes en mi trabajo. Las enfermedades psiquiátricas son tan desconocidas y al mismo tiempo tan tabú que la gente se asusta y se confunde, pensando que sufre patologías que en verdad no tiene.
Depresión mayor
Una depresión mayor, es un tipo de trastorno del estado de ánimo grave, en que la persona está extremadamente decaída, triste, abatida, sin ganas de hacer prácticamente nada. Los ámbitos vitales del paciente se ven afectados, es decir, no puede trabajar, no puede mantener un contacto regular con sus amigos, no realiza actividades de ocio, etc. Muchas veces hay pensamientos autolíticos o ideas de suicidio. El trastorno depresivo mayor normalmente aparece de repente, precipitado o no por algún suceso interno o externo que lo active. Se nota un cambio claro y considerable en la persona, de manera que todo el mundo puede darse cuenta de que el sujeto está sufriéndolo.
Trastorno bipolar
Un trastorno bipolar es muy particular, con síntomas específicos y concretos. Se caracteriza por la prevalencia de largos periodos depresivos, normalmente muy graves, intercalados con fases maníacas, en que la persona está muy eufórica y alterada. Estas etapas son extremas, el sujeto se siente invencible, con mucha energía y fuerza, pensando que puede hacer cualquier cosa. Los que están alrededor como la familia o amigos se dan cuenta que a la persona en sí le pasa algo extraño, su comportamiento no se percibe “normal”, y en la mayoría de ocasiones hay conductas o actitudes  agresivas y/o de hostilidad. Debemos tener en cuenta que hay tipos y grados diferentes de depresión bipolar: trastorno bipolar tipo I (el más grave), tipo II (más leve) y mixto, más difícil de diagnosticar pues las fases de manía y depresión están más entremezcladas, incluso produciéndose casi al mismo tiempo.
Distimia
Una distimia, a diferencia de los dos anteriores, es una enfermedad mucho más imperceptible. Se trata de un trastorno del estado de ánimo que puede pasar fácilmente desapercibido y sin diagnosticar, pues la afectación de la persona, de entrada, es menor. No tiene por qué perturbar los ámbitos vitales del sujeto, el cual continúa con su vida de forma más o menos regular. Muchas veces, estos trastornos empiezan en edades tempranas (adolescencia), cuando la personalidad se está formando y los sutiles síntomas se pueden confundir con la manera de ser de la persona. Se caracteriza por la prevalencia de un estado de ánimo variable, sin motivos aparentes y, sobretodo, por la dificultad para poder disfrutar de las cosas. Los síntomas son variados, desde cansancio, falta de energía, trastornos del sueño o el apetito, dificultad de concentración, irritabilidad, tristeza, pesimismo, sentimientos de inutilidad, inseguridad personal, pensamientos obsesivos, ansiedad, entre otros. A menudo, las distimias evolucionan en el tiempo y van empeorando si no se utiliza medicación para estabilizarlas. Así que es frecuente que el paciente acuda a la consulta de un psicólogo o de un psiquiatra cuando los síntomas se agravan y empiezan a alterar áreas importantes de la vida.
Por: Helena Romeu LlabrésPsicólogo Clínico / España
Fuente: http://www.drromeu.net/

miércoles, 4 de febrero de 2015

Resistencia a la insulina y resultado en el trastorno bipolar

Resumen
Poco se sabe sobre el impacto de la resistencia a la insulina en el trastorno bipolar.

Objetivos
Examinar la relación entre la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y el curso clínico y los resultados del tratamiento en el trastorno bipolar.

Método
Se midió la glucosa en ayunas y la insulina en 121 adultos con trastorno bipolar. Se diagnosticaron diabetes tipo2 y se determinó la resistencia a la insulina. Se utilizó el National Institute of Mental Health Life Chart para registrar el curso del trastorno bipolar y la Escala Alda para establecerla respuesta al tratamiento profiláctico con litio.

Resultados
Los pacientes con trastorno bipolar y diabetes tipo 2 o resistencia a la insulina tenían tres veces más probabilidades de curso crónico de trastorno bipolar en comparación con los pacientes euglucémico (50% y 48,7%, respectivamente, v. 27.3%, odds ratio(OR) = 3,07, p =0,007), tres veces mayor probabilidad de ciclo rápido (38,5% y 39,5%, respectivamente, v. 18,2%, OR =3,13; p = 0,012) y tenían más probabilidades de ser refractarios al tratamiento con litio (36,8% y 36,7%, respectivamente, v. 3.2% ,OR =8,40, p <0,0001). Todas las asociaciones permanecieron después de controlar la exposición antipsicótica y el índice de masa corporal en los análisis de sensibilidad.

Conclusiones
La resistencia a la insulina comórbida podría ser un factor importante en la resistencia al tratamiento en el trastorno bipolar.


Para acceder al texto completo es necesario consultar las características de suscripción de la fuente original: http://bjp.rcpsych.org/content/206/1/52.abstract

Fuente: http://www.psiquiatria.com/
Autor/es: Cynthia V. Calkin; Martina Ruzickova; Rudolf Uher...(et,al)
Título en inglés: Insulin resistance and outcome in bipolar disorder
Fuente: British Journal of Psychiatry
Referencia: Volumen 206, número 1, página(s) 52-57
Fecha: Enero 2015

jueves, 25 de septiembre de 2014

A propósito de la Agresividad y el Trastorno Bipolar - Titulares que contribuyen a la estigmatización

Conductas agresivas vs trastorno bipolar. Algunas precisiones

Titulares que contribuyen a la estigmatización

Los medios de información hacen un flaco favor cuando en sus titulares tachan a los enfermos con trastorno bipolar de maníacos peligrosos. Sobre todo cuando, tal y como aseguran los expertos, la violencia no es, ni mucho menos, un rasgo definitorio del trastorno bipolar. Sin embargo, los medios se obsesionan en muchos casos en airear que asesinos y otros delincuentes padecen esta enfermedad, lo que contribuye a estigmatizar a estos pacientes y a crear una atmósfera de desconfianza hacia ellos.


Expertos reunidos durante el XII Seminario Lundbeck para periodistas sobre Trastorno Bipolar 'Ánimo sin control', han denunciado que los medios de información contribuyen a estigmatizar el trastorno bipolar. Según los especialistas, se tiende a relacionar conductas agresivas con enfermedad mental; sin embargo, en la mayoría de los casos, los asesinatos se cometen por problemas transitorios, no por problemas mentales.

Ana González-Pinto, jefe de Psiquiatría Clínica del Hospital Universitario Santiago Apóstol de Vitoria, asegura que ‘el paciente bipolar no es violento. Es más fácil que sea víctima a que sea el agresor’. Anabel Martínez Arán, especialista en Psicología Clínica en el Hospital Clínic de Barcelona, completa esta afirmación: ‘Se puede ser violento si está sin medicación durante un estado maniaco y ha consumido bebidas o drogas, igual que cualquier otra persona’. La psicóloga catalana pone el énfasis en ‘los matices’.

Ambas expertas lamentan que hayan existido y existan titulares ‘que generen que la sociedad piense que el trastorno bipolar conduce a asesinatos’. En este mismo sentido se expresa José Manuel Montes, jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario del Sureste de Madrid: ‘A través de la imaginaria popular se trata de explicar actos violentos a través de una subyacente enfermedad mental. Esto tiene que ver con que se busca una explicación para encontrar la tranquilidad. Y tienden a aislar a estas personas como mecanismo preventivo’.

El experto subraya que ‘impacta muchísimo más que una persona con enfermedad mental cometa un acto violento a que el acto no tenga que ver con enfermedades mentales’. Ante esta afirmación, los periodistas participantes en el Seminario concluyeron que sería ‘muy oportuno’ aprovechar casos en los que se mencione el trastorno de la persona o la enfermedad mental que padece ‘para aclarar a la sociedad lo que es el trastorno en sí’ y así contribuir a desestigmatizar las enfermedades mentales.

‘Si con la epilepsia o la lepra se ha dado el paso de disminuir el estigma hasta incluso acabar con él, con la enfermedad mental también se debería dar el paso’, anima Ana González-Pinto. Y añade: ‘Deberíamos fomentar que se asocie el trastorno bipolar a mensajes positivos’. Todos los expertos concluyen que añadir información sobre enfermedades mentales, en general, o sobre el trastorno bipolar, en particular, no añade nada al interés informativo de la noticia. ‘Si padeciera cáncer, sería exactamente igual de relevante contarlo’, insisten.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Qué es ser "Bipolar"?

Trastorno Bipolar - Algunas Precisiones

Se considera que una persona padece desordenes bipolares si a lo largo de su vida ha sufrido depresiones profundas y al menos una vez ha pasado por un episodio de "manía". Por "manía" se entiende una conducta fuera de lo común de una persona en que actúa de forma eufórica constantemente. En esos períodos la persona puede que gaste más dinero de lo habitual, que compre cosas innecesarias. También se considera dentro de esta fase el aumento de la irritabilidad y la ausencia de sueño. Generalmente en la "manía" el enfermo es incapaz de controlar su vertiginoso ritmo de pensamientos. Se dice que no conoce límites y desorbita su propia capacidad. La depresión es la otra cara del trastorno bipolar.El cambio de una fase a otra (de manía a depresión) es variable y entre fases hay periodos de estabilidad. La frecuencia varía de una persona a otra.

PERO NO ESTAS SOLO: Al trastorno bipolar también se le conoce como enfermedad maníaco-depresivo. Afecta según los últimos estudios a cerca de un 2% de la población y no al 1 % como se creía hasta ahora.Para quienes padecen este trastorno puede ser muy perturbador. Pero tienes que saber que no estás solos en estos cambios de estado de ánimo.

TU NO TIENES LA CULPA: La bipolaridad suele aparecer en la adolescencia o al principio de la edad adulta, aunque cada vez son más los casos de niños que la padecen. Esta enfermedad no depende de ti. Es un trastorno que afecta la habilidad para ser funcional en las actividades de cada día. Afecta el trabajo o los estudios, a nuestras familias y a la vida social. Hoy en día se sabe más acerca de las causas y del tratamiento de este problema mental. Sabemos que hay causas biológicas y componentes psicológicos en TODOS los TRASTORNOS BIPOLARES. Y que la mejor forma de tratamiento es la combinación de medicinas y psicoterapia. Contrariamente a lo que se creía hasta ahora el enfermedad no es exclusivamente bioquímica o un desorden médico.(Mental Health Net. MHN)
  
El Gran Acontecimiento: Conseguir la remisión. El más importante acontecimiento relativo a la Salud Mental del pasado año 2002, éste sería uno que subyacía pendiente y que se encontraba prácticamente olvidado, uno que pasó virtualmente desapercibido en su momento pero que tiene enormes implicaciones para el futuro. Éste sería la inclusión de esta frase en la Guía práctica revisada para el tratamiento de pacientes con trastorno bipolar de la American Psychiatric Association, publicada en abril de 2002: “El tratamiento está destinado a la estabilización del episodio con el propósito de conseguir la remisión, definida como un completo retorno a un nivel de base de funcionamiento y una virtual ausencia de síntomas.” La Guía continúa citando la prevención de futuros episodios como meta para el tratamiento a largo plazo. La Guía se hace eco de la pionera Tima Bipolar Disorders Algorithms, publicada en el estado de Texas en octubre de 2001, que cita como su meta de tratamiento “ la total remisión de los síntomas- no sólo la respuesta al tratamiento”. En contraste, la Guía APA de 1994 virtualmente nos hizo un daño irreversible:“Las metas específicas del tratamiento son disminuir la frecuencia, severidad y consecuencias psicosociales de los episodios y mejorar el funcionamiento psicosocial entre episodios. Algunos pacientes con daños crónicos necesitarán servicios específicos de rehabilitación”. Como ironía, la puesta de obstáculos al tratamiento se produce en un momento en que la psiquiatría está despertándose para contemplar cuán enfermos nos hallamos. En la Cuarta Conferencia Internacional sobre el Trastorno Bipolar en 2001, El Dr. Robert Post de la Red Bipolar de la Fundación Stanley observó que el trastorno bipolar es más recalcitrante al tratamiento de lo que creíamos, y según el Dr. Mark Bauer de la Universidad Brown, en la misma reunión, 30 a 50 por ciento de los pacientes bipolares permanecen crónicamente enfermos.
  
Entonces, ¿qué bien nos hace una gota de agua en el desierto?
  1. Refleja las elecciones de tratamiento ahora disponibles, incluyendo antipsicóticos atípicos para la manía y Lamictal para la depresión bipolar.
  2. Por diferencia a la antigua Guía, esta se basa en el principio de que si el tratamiento A falla, entonces intentemos el B y sino el C hasta que se llegue a un resultado favorable (eso esperamos).

  
En términos no dudosos, la APA ha advertido a sus miembros que abandonarnos no es una opción, a pesar de la severidad de nuestros síntomas o los tratamientos que hayan fracasado en el pasado. En esencia, nuestro derecho a ponernos bien y permanecer bien ha sido codificado, y en esta era de costes ascendentes y servicios que se deterioran no es un gesto pequeño.

Nuevos tratamientos y la expansión de conocimientos pronto volverán esta Guía obsoleta. Pero no hay vuelta atrás del principio que la gobierna de “lograr la remisión... volver a los niveles básicos de funcionamiento y ausencia virtual de síntomas.” Por primera vez, disponemos de un standard mediante el cual podemos apoyar a aquellos que nos tratan y posiblemente asegurarnos de su responsabilidad. Como se desarrolle esto será la gran historia de 2003 o 2004.

Desde el punto de vista de las cinco historias principales que se incluyeron en esta publicación, el meta-análisis realizado por July Kirsch-Moore de 47 historia breves controladas como placebo en ensayos de antidepresivos de la base de datos de la FDA, era claramente el estudio del año, planteando serias cuestiones sobre la efectividad de los antidepresivos, la forma de llevar a cabo los ensayos de medicamentos, y el proceso de aprobación de la FDA. Sí, los antidepresivos probablemente funcionen. El problema es que las compañías farmacéuticas no tienen medios fiables de probarlo.

FUENTE: Bipolarweb

En la imagen: Libro "Amar a un Bipolar" Cómo comprender y amar a tu cónyuge Autores: Julie A. Fast y el Dr John Preston - Lectura recomendada

jueves, 17 de julio de 2014

Trastorno Bipolar en la Mujer

Como todos sabemos los Especialistas nos dicen: "con este trastorno se nace, se lleva en los genes, y será la vida, los acontecimientos vitales, junto con determinados factores neurobiológicos (neurotransmisores, hormonas, etc.) los que le harán aflorar". Efectivamente, las hormonas en la mujer van a condicionar las formas de presentación del trastorno bipolar así como su evolución, y no por ello hay que menospreciar los acontecimientos vitales en la mujer, distintos a los de ellos. 

Desde un punto de vista epidemiológico parece que en ellas predominan los episodios depresivos, y en esos episodios suele haber síntomas atípicos con más frecuencias que en ellos. También en la balanza de las frecuencias el fiel se inclina hacia el platillo que alberga los episodios mixtos y la ciclación rápida. La tensión premenstrual, el embarazo y puerperio, así como la menopausia son ella per se, y per se de obligado tratamiento aquí.

En lo referente a la comorbilidad me detengo especialmente en tres de ellas:

Alcoholismo: Es de las patologías comórbidas más frecuentes. Suele ser un factor premórbido que precede en torno a un año al episodio maníaco y suele ser de mal pronóstico. El riesgo relativo de comorbilidad alcohólica y TB alcanza cifras del 6% en varones y del 10% en mujeres. Se desconoce la causa de esta relación.

Trastornos de la conducta alimentaria (bulimia y anorexia nerviosa): Más frecuente en ellas (el 95 % de los trastornos se dan en mujeres). A la vez el 25 % de las pacientes con trastorno de la conducta alimentaria presentan un actual o pasado trastorno por abuso de sustancias (el alcohol entre otras). De los dos trastornos la bulimia es más prevalerte.

Trastornos de ansiedad. También son más frecuentes en ellas.

Desde un punto de vista etiológico cabe expone algunas alteraciones neuroendocrinas:  

  • Eje hipotálamo-hipófiso-tiroideo (HHT): Las hormonas de este eje (TRH, TSH, triyodotironina y tiroxina) están implicadas en la fisiopatología y curso de la enfermedad bipolar. Puede haber hipotiroidismo subclínico relacionado con la aparición de ciclos rápidos. Algunas formas del TB en la mujer se asocian a alteraciones detectables del sistema tiroideo, particularmente cuando existen ciclos rápidos, disforia prominente y una respuesta pobre a los tratamientos habituales. La tiroxina es eficaz en los casos resistentes (incluso sin hipotiroidismo subclínico).


  • Eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG): El eje hipotálamo-hipófisis-gonadal controla la síntesis hormonal ovárica a través de factores liberadores (GnRH) y hormonas gonadotropicas (LH, FSH). Los esteroides ováricos ejercen una retroalimentación negativa sobre el hipotálamo y la hipófisis. Existe un mayor riesgo de fase maníaca en la mujer en las dos primeras semanas tras el parto (por brusca caída de los niveles de estrógenos que provoca sensibilización de los receptores dopaminérgicos mesolímbicos, hiperactividad dopaminérgica. Las hormonas sexuales intervienen igualmente en los cambios de fases relacionados con lamenstruación y las variaciones de la libido.


  • Otras hormonas como la prolactina relacionada con el Trastorno Afectivo Estacional. Hay que recordar aquí que los beneficios cardiovasculares que las hormonas conceden a la mujer biológicamente se pierden en el TB porla vida sedentaria, el consumo de tóxicos (tabaco y alcohol) y el sobrepeso por la medicación. Esto hace que padezcan más frecuentemente que la población general de HTA, diabetes y síndrome metabólico.



Cuando se está haciendo un diagnostico de TB en una mujer, siempre hay que solicitar un test de embarazo (en mujer en edad fértil). Su negatividad dará tranquilidad para el empleo de medicamentos potencialmente teratógenos y planificar una anticoncepción adecuada. Su positividad, además de alertar sobre lo anterior, estará indicandoque los cambios hormonales que se van a producir irán acompañados de cambios afectivos ante los cuales habrá que estar preparados.

SITUACIONES OVARICAS
MENSTRUACION. Las mujeres con TB en tratamiento tienen una elevada tasa de ciclos largos, de oligomenorrea, menorragia, polimenorrea y sangrado intermenstrual. También cambios de humor en relación con la fase del ciclo. La tensión premenstrual y el síndrome disfórico premenstrual son más frecuentes en el TB.

ANTICONCEPCION. Quien padece un TB y sigue tratamiento debe tomar medidas anticonceptivas por bien propio y ajeno (el embrión). Sin esas medidas anticonceptivas está expuesta a una descompensación de su enfermedad, por un lado, y a posibles efectos teratógenos en el embrión, por otro. Si se ha producido el embarazo bajo tratamientos teratógenos, la ética o la moral de cada uno le dirá. Para no llegar a lo anterior, la máxima debe ser “mujer tratada, mujer planificada “, y planificar un embarazo se puede hacer a favor o en contra de él:

  • Embarazo no deseado. Aquí la anticoncepción es la norma. La mujer con TB no debe usar anticonceptivos hormonales, ya que además de tener sus influencias anímicas negativas supone añadir un factor más de riesgo cardiovascular a la lista de los existentes para el TB. Son aconsejables los métodos de barrera (preservativos, cremas espermicidas…), máxime con el riesgo de enfermedades de transmisión sexual que existe y la promiscuidad consabida que hay en algunos sectores del TB. Si existe un número de hijos que satisface la maternidad se debe optar por métodos definitivos como la ligadura de trompas o la vasectomía, esta última, por su irreversibilidad, solo si la pareja es estable.


  • Embarazo deseado. Ninguna mujer con TB debería renunciar a la maternidad, si la desea. Una vez en la idea de la maternidad deberá pedir consejo genético (al genetista), mediante el cual se le informará, a ella y a su pareja, de los riesgos de que sus hijos hereden este padecimiento. Aceptado el riesgo genético, hay que establecer un plan de tratamiento para el embarazo. Ha llegado el momento de consultar con el médico que la lleve habitualmente. Si esemédico desaconseja el embarazo, hay que cambiar de médico. Una excepción a este último consejo: un trastorno bipolar grave.

  • GESTACIÓN. No es frecuente un primer episodio de TB durante el embarazo, siendo excepcional la presentación de un episodio maníaco, sobreviniendo, de ocurrir, un episodio depresivo en torno al segundo trimestre de la gestación.Todos los medicamentos son potencialmente teratógenos y hay que prescindir de ellos durante el primer trimestre del embarazo. De nada vale esperar a ver en resultados ecográficos avanzados los daños hechos. Ya no hay remedios. Hay que correr el riesgo de quedarse limpia de medicación y quedarse con la opción terapéutica electro-convulsiva (TEC), estigmatizada por anticuadas y desfasadas creencias, por malos memes.


PUERPERIO. Es periodo de riesgo para un primer episodio de TB. También lo es de descompensación de quien ya padecía este trastorno (hasta un 50%). El riesgo de descompensación aumenta con el número de embarazos y con el número de descompensaciones previas. La descompensación extrema sería la psicosis puerperal (20-30%) y hastaella toda una gama clínica.

MENOPAUSIA. Los cambios hormonales que lleva consigo la menopausia parece que no tienen influencia en el curso evolutivo del TAB. La anterior frase podría decirse: “La menopausia acaba con todos los problemas que la fertilidad origina a la mujer con TB”, los cambios hormonales no son influyentes per se, pero apagan el fuego de lafertilidad. El hecho de que el trastorno se inicie coincidiendo con la menopausia obedecería a una mayor incidencia de acontecimientos vitales estresantes en la vida de las pacientes que debutan en estas edades

FUENTE: "Guía para los Pacientes Bipolares y su Familia"  GlaxoSmithKline C.A.

martes, 13 de mayo de 2014

El 60% de las personas con pensamientos suicidas no recibe tratamiento

El suicidio es una de las 20 causas más importantes de defunción en el mundo para cualquier rango de edad, con un millón de muertes cada año. Este grave problema de salud pública es el motivo de muchos estudios cada año, como los que hoy se publican en la nueva revista The Lancet Psychiatry.

En el primero de ellos, investigadores de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) y la Universidad de Harvard (EE UU) han revisado los factores psicológicos que pueden contribuir a un comportamiento suicida, como los tipos de personalidad, factores cognitivos y los acontecimientos vitales negativos.

La revista The Lancet Psychiatry publica para su lanzamiento un especial sobre suicidio. Uno de los estudios recogidos muestra los factores psicológicos que contribuyen a un comportamiento suicida y revela que alrededor del 60% de las personas que piensan en suicidarse o lo han intentado no cuentan con ningún tipo de ayuda.
Según Rory O'Connor, investigador de la institución escocesa, "a pesar de que se han identificado una serie de factores que contribuyen a la conducta suicida, no está claro cómo o por qué estos factores aumentan el riesgo de este comportamiento ni de los elementos que protegen entre aquellos que son vulnerables”.

“Son necesarios estudios adicionales para desarrollar tratamientos psicológicos y eliminar las barreras que conducen a la infrautilización de los recursos de salud mental", añade O’Connor.

Los resultados muestran también que alrededor del 60% de las personas que luchan contra pensamientos o conductas suicidas no reciben ningún tipo de ayuda. “Además, existe relativamente poca evidencia de la efectividad de los tratamientos recibidos por aquellos que sí los siguen”, explican los autores.

Por su parte, Matthew K. Nock, de la Universidad de Harvard, afirma que se han hecho avances significativos en la comprensión de la conducta suicida en los últimos años.

“Ahora tenemos una sólida base de conocimiento, así como algunos nuevos descubrimientos sobre los factores psicológicos que ponen a las personas en riesgo de pensar en el suicidio o que incrementan su probabilidad de actuar”, apunta. “Es muy importante que se invierta en nuevos avances para que disminuyamos el sufrimiento y la pérdida de vidas".

Biomarcadores para predecir el riesgo

Otro de los estudios publicados en el primer número de The Lancet Psychiatry expone una posible interacción entre la predisposición de cada persona, experiencias vitales estresantes y enfermedad psiquiátrica aguda con la conducta suicida.

Kees van Heeringen, investigador de la Universidad de Gante (Bélgica) y John Mann de la Universidad de Columbia (EE UU) han discutido la teoría del estrés-diátesis de suicidio, que explica por qué solo una pequeña minoría de personas está en riesgo de quitarse la vida después de la exposición a este tipo de estrés.

El estudio describe varios factores neurobiológicos que pueden desempeñar un papel en esta predisposición. Por ejemplo, los estudios postmortem y de neuroimagen han identificado los cambios estructurales y funcionales en los cerebros de los individuos con antecedentes de conducta suicida que puede afectar a la regulación del estado de ánimo, la respuesta al estrés y la toma de decisiones.

Estos cambios incluyen déficits bioquímicos en función de la serotonina y el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA) de respuesta al estrés. Los autores sugieren que estas anomalías podrían utilizarse en el futuro para desarrollar biomarcadores que ayuden a predecir quién está en riesgo de quitarse la vida, y que pueden servir como un objetivo útil para el tratamiento.

Según van Heeringen, "dado que no existen exámenes clínicos fiables para identificar a las personas más predispuestas al suicidio, los biomarcadores genéticos y de imagen cerebral ofrecen prometedoras vías para la detección de individuos de alto riesgo y de los tratamientos más personalizados para la prevención de la conducta suicida".

El impacto del duelo en el suicidio
Las personas afligidas por el suicidio de una pareja o un hijo adulto corren un riesgo significativamente mayor de suicidio en comparación con las personas en duelo después de la muerte repentina por otras causas.

Los hallazgos provienen de una nueva revisión de 57 estudios, publicada en la misma revista, que compararon el efecto de la muerte por suicidio, la salud mental y el funcionamiento social de los miembros de la familia, amigos y otros contactos de los fallecidos en relación con otros duelos repentinos.


Los datos revelan que el impacto psicológico en los otros miembros de la familia también es grave: los niños que pierden a una madre por suicidio tienen un mayor riesgo de depresión, mientras que las personas que pierden a un hijo por esta causa tienen un mayor riesgo de ingreso psiquiátrico debido a una enfermedad mental.
Las personas afligidas por el suicidio de una pareja o un hijo adulto corren un riesgo significativamente mayor de suicidio

Para Alexandra Pitman, autora principal y experta de la Universidad College de Londres, "tras un cálculo aproximado vimos que entre 48 y 500 millones de personas en todo el mundo viven un duelo relacionado con el suicidio cada año. Aunque el impacto del suicidio parece variar de acuerdo con el parentesco, la verdad es que todos los miembros del fallecido son propensos a necesitar apoyo”.


Hasta ahora, las políticas de prevención del suicidio tienden a tratar a las personas afectadas por el suicidio de un conocido como un solo grupo, en lugar de reconocer que las parejas y madres poseen mayor riesgo de suicidio que otros familiares y amigos.

Referencias
Kees van Heeringen, J John Mann. “Suicide 1. The neurobiology of suicide”. Lancet Psychiatry May 2, 2014. http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70220-2
Rory C O’Connor, Matthew K Nock. “Suicide 2. The psychology of suicidal behaviour”. Lancet Psychiatry May 2, 2014 http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70222-6
Alexandra Pitman, David Osborn, Michael King, Annette Erlangsen. “Suicide 3. Effects of suicide bereavement on mental health and suicide risk”. Lancet Psychiatry May 2, 2014. http://dx.doi.org/10.1016/S2215-0366(14)70224-X 

Fuente: Agencia SINC